El odio a los judíos
Samuel Schmidt
shmil50@hotmail.com
Los que niegan a Auschwitz son los que lo reconstruirán.
Primo Levi
Cuando estudiaba en Ciencias Políticas de la UNAM , un compañero llegó ufano un día a decirme que había descubierto el plan secreto de los judíos y que éste consistía en apoderarse del mundo. Ni hablar, había descubierto los Protocolos de los sabios de Sión, ese libelo que supuestamente son las actas secretas del Primer Congreso Sionista. Vamos, si en más de un siglo los judíos no han podido cumplir con ese propósito algo están haciendo mal y no hay que tomárselos muy en serio. Aunque no faltan los tarados que juegan a los fuegos de artificio y sostienen que los bancos los controlan los judíos y que el Mosad controla los bancos. El silogismo diría, si los bancos controlan al mundo y el Mosad controla a los bancos, luego entonces el Mosad controla al mundo. Ya sólo falta que culpen al Mosad por la llegada de George W. Bush al poder y El crimen del padre Amaro.
El compañero continuó diciéndome que los judíos explotan a los obreros. Cuando le pregunté sobre la ocupación de su padre resultó que poseía una fábrica de camisas, pero como es católico es un burgués que no explota a sus obreros, en cambio mi padre que era comerciante explotaba, me imagino, a los obreros propios y ajenos. Marx se revolvía en la tumba por el destrozo que se le hacía a la teoría.
Cuando estudié en Prepa 4, el maestro de literatura me trataba con especial amabilidad, y aunque mucho no me esforcé me aprobó pero en cambio reprobó a mi amigo David Ajzen. Cuando fuimos a verlo a su casa le contestó a Ajzen: "es que tú no eres de aquí" y al verme con él se dio cuenta que yo también era judío y que su estrecha mente antisemita no le dio para pensar que no todos los Schmidt son alemanes. Su castigo fue que ayudó a un judío, tal vez se sigue revolcando en la inmundicia de sus prejuicios.
A raíz de los renovados ataques antijudíos disfrazados de antisraelíes, antisionistas y contra el Mosad, me he puesto a reflexionar sobre cual es el origen del odio a los judíos. Cuando leo que alguien empieza su perorata con la muletilla: "algunos de mis mejores amigos son judíos" ya se que viene detrás un veneno antisemita. Ni sus mejores amigos son judíos y tal vez ni tiene amigos, el que odia aprende a odiar a todo y a todos. Junto con los judíos odiará a los negros, a los indios y a todos los que son diferentes a él.
Delumeau analiza de manera magistral como la Iglesia católica fomentó a lo largo de los siglos el odio a las mujeres y los judíos. Ya un Papa trató de corregir la postura, pero muchos siguen con el deicidio metido en el subconsciente y este Papa rehabilitó a un obispo que niega el holocausto. Ah, es que hay una corriente que tiene buenos amigos judíos que dice que el holocausto es un invento sionista, en una de esas hasta el Mosad escribió la historia respectiva.
En una reunión en un grupo pseudoanarquista donde participaba el primer aeropirata mexicano, la madre de éste dijo: lástima que Hitler no terminó. Ninguno de los paladines de la libertad levantó la voz ante lo que era un atroz ataque a la vida. Hoy muchos pseudointelectuales le aplauden al iraní Ahmadinayed cuando vocifera que hay que destruir a los judíos mientras sostiene que el holocausto no existió. Pero esos mismos pensadores se niegan a censurar a los grupos neonazis y hasta se mostraban preocupados porque llegaría al poder en Estados Unidos un negro. Por cierto, seguramente Obama está manipulado por el Mosad porque algunos de sus cercanos colaboradores son judíos y algunos son ortodoxos. Ya no digamos que podrían bailar de alegría cada vez que un musulmán suicida explota a un grupo de civiles israelíes, igual que bailaron los musulmanes en Gaza cuando cayeron las torres gemelas y murieron miles de civiles. Por cierto, estos intelectuales sostienen que el atentado de las torres lo hizo el Mosad aunque los culpables eran miembros de Al Qaeda. ¿Podrá ser que Bin Laden sea miembro del Mosad?, a la mejor por eso no lo pueden agarrar.
Más allá de pensar en la aberración de pedir la aniquilación de un grupo humano en nombre de la libertad, me pregunto si ¿acaso un mundo sin judíos será mejor? No se puede culpar a los judíos de los males del mundo. Que yo sepa ninguno de los grandes déspotas del mundo ha profesado esa religión y no hay rabino en el mundo que ose llamar a la guerra santa o a sentenciar a muerte a un crítico del pueblo judío o su religión. Zalman Rushdie, entre otros que se atrevieron a ser libres, sigue escondido temiendo por su vida.
Muchos antijudíos le temen a la palabra y usan hebreo para no contaminarse, parecen irritados porque se haya erigido el Estado de Israel y que sea una potencia militar, científica, tecnológica. ¿Sería distinta su actitud si Israel se hubiera sumido en las penurias del tercer mundo? ¿Les dolerá que los israelíes hayan conquistado el desierto y desarrollado tecnologías de uso eficiente del agua? Parecen molestarse ante la elevada proporción de judíos entre los premios Nobel. Yo les sugiero que se alejen de los desarrollos médicos en los que han intervenido judíos, a riesgo de su vida por supuesto, porque lo peor que les puede pasar es deberle la salud o la vida a un cerdo judío.
¿Les molesta que los cientos de millones de musulmanes no hayan podido exterminar al Estado de Israel? Y no es que les falten ganas. En una lectura simplista el "pecado" israelí ha sido aliarse a Estados Unidos. ¿Sería aceptado si se hubiera sometido a la URSS o a China? ¿Esos imperialismos son buenos?
En la retahíla de ataques abundan las referencias expresas, ocultas y muy molestas a la fortaleza de los judíos. Esos críticos gozarían con las imágenes de los judíos débiles que caminaban al matadero en los campos de exterminio y les duele ver a un joven guerrero israelí erguido, fuerte y orgulloso. Nunca en su lista de guerreros heroicos están los partisanos, los que defendieron el gueto de Varsovia.
Juan Miguel de Mora después de muchos años se animó a escribir una de sus experiencias más traumáticas cuando era brigadista internacional en España. El libro La cota 666 no solamente es el recuerdo de un gran esfuerzo político-militar sino el homenaje a su amigo Harry Fisher, un obrero judío que frisando los 90 años de edad muere de un infarto en las calles de Nueva York mientras protestaba contra la derecha estadunidense. Alguno de nuestros paranoicos analistas seguramente dirá que Fisher era un distractor del Mosad y que luchó en España para minar desde adentro a la República.
El odio al pueblo del libro, como todos los odios, es irracional y enfermizo. No importa como se disfrace, su intencionalidad es muy clara. El destino del pueblo judío, no obstante su ínfimo porcentaje en la población mundial, está en su fortaleza, el nunca jamás como lema que recuerda el holocausto para que no se repita, se asegura con la fuerza y el Estado de Israel es esa garantía.
Las guerras son deleznables, llenan de oprobio, pero en ocasiones son para la sobrevivencia.
Españoles nos desprecian
Eduardo López Betancourt
elb@servidor.unam.mx
Podemos afirmar, cada día es más evidente el desprecio de los españoles para con los mexicanos, particularmente en el ámbito gubernamental; situación sumamente incomprensible, ya que en México históricamente se les ha querido, consentido y llenado de privilegios.
A la llegada de Hernán Cortes, en base a una leyenda, se les recibió como a dioses, lejos de agradecerlo, después de una brutal conquista, sus soldados se dedicaron a robar y violar de manera salvaje, como muestra está la feroz matanza de aborígenes en manos de Pedro de Alvarado, a quien no le importaron niños, ancianos ni mujeres.
Durante la Colonia , el abuso, la esclavitud, la bestialidad, así como la rapiña más vil fueron actuar cotidiano en los ibéricos, sólo les interesaba el oro y saciar sus apetitos sexuales; de tal infamia, con sinnúmero de traumas, nació el actual grupo mayoritario de mestizos; dejando los del Reino Español como única herencia enfermedades mortales, amén de hábitos despreciables como la mentira, el fraude, la flojera y vicios de toda jaez, empero, esencialmente nos "enseñaron" a infringir la ley y a desdeñar los valores.
A pesar de tanta inmundicia, los españoles siguieron siendo amados. En los años 30 del siglo pasado, a consecuencia de su guerra civil, México acogió con los brazos abiertos a miles de refugiados hispanos; se les dio trabajo, pleitesías, en muchas ocasiones inclusive preferencia sobre los propios nacionales, por supuesto, similar conducta abarcó a sus huérfanos, un ejemplo, los niños de Morelia.
Por otro lado, artistas peninsulares de medio pelo son adorados por nuestra gente; en el mundo taurino, los matadores ibéricos cobran cantidades excesivas, muy por encima de lo que devenga un connacional, les apartan los mejores astados, insisto un trato reverencial, verbigracia, el torero Enrique Ponce, a quien hasta se le invitó a Los Pinos para cenar con el presidente Calderón. Nos preguntamos, ¿cuándo al Zotoluco o a Ignacio Garibay les han convidado a compartir el pan y la sal con el rey Juan Carlos? Nunca, por el contrario, los espadas aztecas en España son vistos con desdén, les dan corridas a cuentagotas, con pésimos y peligrosos bureles, y cuando triunfan les marginan, humillan y obligan a regresar a México.
Otro caso deleznable son los aeropuertos españoles, donde por simple sospecha no se deja entrar a muchos compatriotas a la mal llamada madre patria, argumentando que se quieren quedar.
Cuando el estudiante mexicano necesita hacer un posgrado en España, pasa por un verdadero vía crucis, se enfrenta a conductas déspotas de los empleados del consulado español en México, si se pretende hablar con el cónsul general es sencillamente imposible, el "caballero de alta alcurnia" no recibe, si hay suerte le atiende su secretaria, quien obviamente está acostumbrada a negar cualquier petición por irrelevante que ésta sea. Indudablemente, una vez que el cónsul general retorne a su tierra dirá, como es cotidiano en seres nefastos: "fui a gobernar a los indios mexicanos".
Recientemente se le rindió homenaje en la UNAM a Baltasar Garzón, un juez protagónico de gris proceder, quien fue recibido como si fuese toda una deidad.
En México es prácticamente imposible encontrar un español pobre; algunos, a pesar de su palpable ignorancia, han amasado fortunas descomunales, las cuales se llevan a su país, olvidándose de la nación que les permitió lograr tan vastas riquezas; es decir, se siguen llevando el oro.
Resumiendo y para la reflexión anterior, tengamos presente que la base de la sustentación entre los pueblos es la reciprocidad, si uno es objeto de atenciones también las debe ofrecer, nunca llegar a extremos ni a excesos.
Debe quedar claro, no tengo ningún sentimiento antihispano, al contrario, durante mi vida he valorado en todo sentido la cultura ibérica; he sido conferencista y docente en prestigiadas universidades españolas, donde siempre me tratan con generosidad y bonhomía, asimismo en México fui profesor de una escuela fundada por republicanos, me refiero al Colegio Madrid; sin embargo, ello no me ha impedido observar la existencia de un comportamiento antimexicano muy marcado en muchos de los peninsulares, particularmente en quienes ostentan cargos públicos, como ese sujeto impresentable que encabeza el consulado del Reino de España en México.
En fin, ojalá algún día recuperemos la dignidad, exigiendo respeto a los españoles que muestran tanta animadversión por los mexicanos, quienes por dicha circunstancia han recibido el mote de "gachupines". Sobra apuntar, existen ibéricos con un amor y gratitud inmensa por México, entre los que se encuentran quienes han sido parte cardinal en el desarrollo de nuestra patria, desafortunadamente se cuentan con los dedos de las manos.