Virtudes Prusianas

VIRTUDES PRUSIANAS (Brandenburgo-Prusia, Alemania):
Perfecta organización * Sacrificio * Imperio de la ley * Obediencia a la autoridad * Militarismo * Fiabilidad * Tolerancia religiosa * Sobriedad * Frugalidad * Pragmatismo * Puntualidad * Modestia * Diligencia

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miércoles, 3 de septiembre de 2008

La guerra fría energética del siglo XXI

Alfredo Jalife-Rahme

http://www.jornada.unam.mx/2008/09/03/index.php?section=opinion&article=024o1pol


La anterior guerra fría bipolar entre EU y la ex URSS fue netamente ideológica entre el capitalismo y el comunismo: ganó el primero y perdió el segundo, lo que originó un vacío que fue colmado por el radicalismo de la globalización financiera como expresión del orden unipolar estadunidense.

La nueva guerra fría entre EU y Rusia, sucesora de la balcanizada URSS, comporta características ostensiblemente energéticas en el triángulo del golfo Pérsico-mar Caspio-mar Negro. Europa se fracturó durante la guerra fría ideológica, lo cual fue epitomizado por el Muro de Berlín, y es muy probable que ahora acontezca una desarticulación del viejo continente.

En la sección “Manejo de la globalización” de The International Herald Tribune (IHT, 29/8/08), editado en París, Daniel Altman (DA) aduce que la probable nueva guerra fría es “conducida por la energía”. Mientras el nuevo orden mundial ha entrado irremisiblemente a la multipolaridad y tanto las finanzas como la economía del planeta tienden acentuadamente “hacia la desglobalización” (título de un reciente libro nuestro), IHT insiste en “manejar” la inmanejable globalización, cuando “el mundo cambió en el Cáucaso” (ver Bajo la Lupa, 20/8/08).

Si el marco de referencia de IHT está desfasado y desincronizado, en contraste su enfoque geoenergético es persuasivo: “ahora Rusia se encuentra en el negocio (sic) energético. En caso de asentarse una nueva guerra fría, los energéticos serán su divisa (sic)”. Rememora que “hace medio siglo, la URSS estaba en el negocio (sic) ideológico” cuando intentó “expandir la más reciente combinación de Marx, Lenin y Stalin” con el fin de “mantener a raya a Occidente y así solidificar su dominio en todas las regiones del mundo”. Sí, pero hasta cierto punto, porque no es lo mismo una gerontocracia soviética poliartrítica, insulsa y sin pasión, que el juvenil gobierno ruso socialdemócrata de libre-mercado de la dupla Putin-Medvedev, que aspira a la gloria y, más que nada, a frenar la humillación permanente de los halcones de la Casa Blanca y las águilas de la OTAN.

Daniel Altman ubica el sitio de confrontación: “claramente (sic) en Asia Central”. Pues ni tan “claro” –y sin aminorar la relevancia de Asia Central, donde prácticamente EU ha sido expulsado en forma paulatina debido, en gran medida, al posicionamiento del Grupo de Shanghai, que presiden conjuntamente Rusia y China–, ya que la lucha se fragua más bien en el triángulo geoestratégico del golfo Pérsico-mar Caspio-mar Negro (ver Bajo la Lupa, 31/8/08), es decir, los linderos occidentales, pero no el núcleo de Asia central. Lo relevante del artículo de Altman no es su perdonable imprecisión geopolítica, sino su conceptualización sobre la modalidad geoenergética de la nueva guerra fría en ciernes. Comenta que Rusia intenta protegerse del aislamiento de la OTAN debido a que “varios de sus vecinos sudoccidentales (sic) poseen sustanciales reservas de hidrocarburos”.

Resulta que la “incursión” rusa en Georgia “ha provocado serios efectos” y “ha puesto en tela de juicio la viabilidad del proyecto de gasoductos y oleoductos de la Unión Europea”.

Al unísono de la vulgar desinformación anglosajona, Daniel Altman insiste en que la reciente cumbre del Grupo de Shanghai en Tayikistán fue un fracaso, visión que no es compartida en absoluto por analistas serenos y menos sesgados de la región aludida. Altman pretende que los concurrentes a dicha cumbre midieron con el mismo molde al gigante ruso con la “diminuta Georgia” y extrapola alegremente que probablemente “Rusia cometió un error (¡súper sic!) estratégico al haber ingresado a Georgia con armas en lugar de dinero (¡súper sic!)”.

Cita y sobredimensiona a su colega del IHT, Judy Dempsey, quien pone de relieve la ausencia de un apoyo explícito del Grupo de Shanghai a la postura rusa en el Cáucaso, durante la reciente cumbre en Tayikistán, donde muy bien se pudieron haber concertado acuerdos secretos, y donde tampoco pasó inadvertida la reunión bilateral entre los mandatarios de Rusia e Irán (que figura como “observador” y a punto de ser admitido en el relevante grupo centroasiático).

Dempsey no toma en cuenta que China tiene que ser más precavida frente al oleaje de balcanizaciones que comenzaron EU, la Unión Europea y la OTAN en Kosovo, imitadas por Rusia en el Cáucaso, cuando la epidemia secesionista podría cundir en Taiwán, Tibet y la región islámica de Xinjiang.

En sus planteamientos, Altman considera que “Rusia obviamente (sic) desea una participación sustancial en el flujo de las reservas energéticas en Asia central y fuera de ella”, lo que “ha ocasionado que sus vecinos se pongan nerviosos”. Habría que precisar (la gran falla de Altman) a cuáles “vecinos” se refiere porque a los centroasiáticos islámicos (Kazajstán, Tayikistán, Uzbekistán y Kirguizia) no se les nota demasiado intranquilos. Otra cosa son, desde luego, los “vecinos” del mar Caspio, pasando por el Cáucaso, hasta la ribera occidental del mar Negro, quienes apostaron insensatamente todas sus cartas a la “salvación” del “mundo libre” (¡súper sic!) que enarbolan EU y la OTAN.

Aquí la valía indiscutible de Georgia versa sobre el tránsito de los hidrocarburos de Azerbaiyán, potencia energética respetable y ribereña del mar Caspio, que cuenta en demasía. Ni Georgia ni Turquía ni Ucrania son potencias energéticas y, al contrario, son sensiblemente dependientes de su importación caspiana. Así que más vale colocar las cosas en su lugar geográfico para no perderse en meandros teológicos e ideológicos.

Es notoria la obsesión pecuniaria (“negocio”, “divisa”, “dinero”) de Daniel Altman en su subtexto, mientras lanza un axioma temerario: “la ideología puede ser fácil (sic) de controlar, pero la energía es una materia prima que cualquiera (¡súper sic!) puede vender”. Pues ni tan “cualquiera”, ya que los energéticos constituyen el talón de Aquiles de EU, la Unión Europea y también de la OTAN, por extensión.

En paralelo a las guerras por dinero sonante e intereses no pocas veces mezquinos, ¿sabrá Altman que a lo largo de la historia los humanos también se han aniquilado por teologías e ideologías, como demuestran las guerras religiosas y la reciente guerra fría bipolar?

Cuando era presidente, el zar geoenergético global Vlady Putin solía referirse precautoriamente a los hidrocarburos de Irak, que no pudo defender su patrimonio debido a la carencia de un arsenal nuclear disuasivo con el que sí cuenta Rusia para defender la riqueza energética que pretendían arrebatarle conjuntamente EU, la Unión Europea y la OTAN.

Los energéticos cuentan mucho, pero sin armas nucleares no sirven demasiado. A esta conclusión parecen haber llegado los estrategas juveniles de la “nueva Rusia”, primera superpotencia geoenergética del planeta. La probable nueva guerra fría no es unidimensional –que implique única y sustancialmente a los energéticos–, sino más bien multidimensional.

jueves, 28 de agosto de 2008

Caucaso, elecciones y militarismo en EUA.

Alfredo Jalife-Rahme

■ Dick Cheney juega con fuego nuclear


Al inicio del nuevo siglo la revista británica The Economist, portavoz del neoliberalismo global, pronosticó que la tercera guerra mundial (TGM) se escenificaría en el Cáucaso.

El régimen torturador bushiano, aliado subrepticio de la despechada pareja Clinton, usa en forma diabólica la tensión en el Cáucaso con dos propósitos aviesos: ocultar la disolución de la globalización financiera anglosajona y alentar la candidatura del panameño John McCain, lo cual fue delatado en la selección de Joe Biden, veterano experto en relaciones internacionales del Senado, como compañero de fórmula de Obama, quien, pese a su pléyade de expertos en estrategia (¡más de 300!), exhibe una conspicua vulnerabilidad en política exterior que le puede costar la presidencia, sin contar la alta probabilidad de un clásico atentado de corte bushiano. ¿Le dará el contencioso montado de Georgia la presidencia a McCain?

Son momentos muy delicados para el género humano que enfrenta la ominosa perspectiva de una TGM, necesariamente nuclear, entre EU y Rusia por el control del Cáucaso: pilar geopolítico que colinda con el superestratégico mar Negro y el mar Caspio, tercera reserva de hidrocarburos del planeta.

Es imprescindible releer la clásica Historia de la guerra del Peloponeso, del griego Tucídides, del siglo 5 adC, que describe los orígenes de la guerra entre Esparta y Atenas, no pocas veces fútiles, insensatos y hasta accidentales: guerra de humanos sin interferencia de los dioses debido a motivaciones como “honor, miedo e interés”, que no han variado mucho hasta la fecha.

Todos los ingredientes “humanos” están dados para una conflagración en el Cáucaso (ver Bajo la Lupa: 10, 13, 17 y 20/08/08), donde la “mecha se ha prendido”, a juicio de De Defensa, centro de pensamiento militar europeo, a la que nunca habíamos notado tan preocupada (22/08/08). El ex presidente de Polonia, Lech Walesa criticó que “Occidente había seducido” al presidente georgiano Saakashvili “para librar la guerra” en Osetia del Sur (Underground Serbian Cafe, 23/08/08). Más aún: los servicios secretos franceses DRI señalan que los militares estadunidenses habían participado en los bombardeos de Georgia a la capital de Osetia del Sur (prácticamente aniquilada).

En la delicada escalada que han librado a los dos lados del mar Negro el régimen torturador bushiano y Rusia, nada menos que el super halcón, el vicepresidente Dick Cheney, para calentar más los motores, emprende una gira provocativa en la “periferia inmediata” de Rusia a principios de septiembre a Azerbaiján, Georgia y Ucrania, para cerrar con broche de oro en Italia, para asistir al Foro Ambrosetti (Chron.com; 25/08/08).

Cheney ya había amenazado que la réplica de Rusia a la invasión de Osetia del Sur por Georgia no quedaría sin respuesta. En efecto, el régimen torturador bushiano ha levantado la puja mediante reacciones que han llevado a Rusia y a EU al borde de una nueva guerra fría, sino de los prolegómenos de una TGM. Lo más difícil de digerir para los estrategas rusos será la funesta instalación del sistema misilístico de defensa (BMD) en Polonia, que augura una nueva “crisis de los misiles de 1962” en Cuba, a lo que Rusia ha reaccionado mediante una respuesta “asimétrica”: la colocación de un sistema de defensa misilístico aéreo con Belarus y Kaliningrado (enclave ruso entre Polonia y Lituania).

Stratfor, centro de pensamiento texano-israelí, considera que el despliegue de barcos de guerra de EU y la OTAN en el mar Negro (que hace honor a su nombre), bajo el pretexto de “ayuda humanitaria” a Georgia, revive la guerra fría. Luego de calificar como “escalada” las reacciones de Rusia –inminente ruptura de relaciones con la OTAN, desistimiento de su candidatura a la OMC por la que ha implorado durante una década (absurdamente bloqueada por Georgia) y el voto unánime no vinculatorio de la Duma y el Consejo Federal reconociendo la independencia de Osetia del Sur y Abjazia– pone en relieve los primeros estragos energéticos que afectan a “Occidente” cuando Azerbaiján ha desviado el transporte de 200 mil barriles de crudo a Irán, en detrimento del oleoducto BTC. A Azerbaiján no le importó contrarrestar la asfixia financiera a Irán.

Para no variar, Irán saca provecho de los errores de “Occidente” que parece haber perdido la batalla del Cáucaso, pero no la del mar Negro, donde, según Stratfor, puede ocasionarle un daño estratégico severo a la defensa naval de Rusia: “el mar Negro es absolutamente crítico a la defensa de Rusia”, donde la OTAN “posee activos navales que pueden frenarla. Nueve barcos de guerra de EU, Polonia, España (¡súper sic!), Turquía, Bulgaria y Rumania se han encaminado hacia el mar Negro en nombre de la ayuda humanitaria a Georgia. Rusia acusa a Occidente de construir un grupo de choque de la OTAN para amenazar la presencia de Rusia en el Cáucaso”.

A juicio de Stratfor (26/08/08), Rusia “simplemente no puede permitir una presencia de la OTAN en el mar Negro sin responder”, ya que representa un “amortiguador importante” a su línea de seguridad, a las planicies de Ucrania y al puente territorial que se extiende entre los mares Negro y Caspio”.

Tal sería la zona más vulnerable de la frontera rusa, cuando el “mar Negro y más allá del mar Egeo, conforman esencialmente un lago de la OTAN”. Turquía controla el estrecho de los Dardanelos y Stratfor apuesta a que la presencia naval combinada de Turquía y EU pueden “fácilmente (¡súper sic!) aplastar a la flota rusa en el mar Negro”, que, además, amenazaría la logística y el abastecimiento a las tropas rusas en Georgia.

La respuesta rusa ha sido inmediata al desplegar su crucero lanzamisiles Moskva que fue recibido triunfalmente en el puerto de Sebastopol (en la península de Crimea, de mayoría rusa, y que forma parte de Ucrania, para encender más los ánimos balcanizadores y vulcanizadores). Stratfor concluye que EU y Rusia se han enfrascado en una toma y daca estereotípica de guerra fría.

Se encuentra en juego el aniquilamiento de Rusia o las exequias de la globalización financiera anglosajona, cuando EU y Gran Bretaña han percibido que el único obstáculo al control financiero del mundo por Wall Street y la City lo representan las bombas termonucleares de Rusia.

Ahora es el óptimo momento de proseguir la balcanización de Rusia, su cerco militar y hasta la TGM, con el fin de que perviva la globalización financiera. La batalla de Rusia es de supervivencia, mientras la de EU y Gran Bretaña es por la hegemonía global.