¿ Por qué este comentario y opinión no me sorprenden ? Cualquiera que tenga mínima capacidad de comparar y valorar lso textos encontrará que mientras el Nuevo Testamento, enseñanza de Jesús, habal de amor, reconcialiación, desapego, tolerancia, respeto, el Viejo Testamento - el alamanque de enseñanzas de la historia judía iracunda, con dios vengativo, revanchistas, un tanto corrompidos , impositivos, machistas, supremacistas, mercantilistas - no tiene nada que ver.
El Viejo Testamento pegado con el Nuevo Testamento en la Biblia es un pegote infame y sin sentido, que ha causado que algunos evangélicos o llamados cristianos enajenados parezcan más judíos que cristianos: amenazan, reprochan, condenan, se creen salvos y elegidos.
JJesucristo nada tiene que ver con el Viejo Testamento, se haría un bien pisotear el Antiguo Testamento y separarlo de la Biblia.
No dudo que parte de una conspiración judía se haya gestado desde Pablo y tiempos de Constantino para sembrar en cada critiano un potencial judio (de fe y convicción) con todos su defectos en potencia.
“ El Antiguo Testamento es un engendro ” , dice el Nobel de Literatura
Para Saramago, haber inventado a Dios hizo que nos esclavizáramos a él Foto Omar Meneses Valencia
Armando G. Tejeda
Corresponsal
Madrid, 27 de agosto. A sus 87 años y tras superar una grave enfermedad que lo tuvo al borde de la muerte, el Nobel de Literatura portugués, José Saramago, culminó hace poco su más reciente novela –y su tercer libro del año– Caín . En esta ocasión, Saramago hace una reflexión irónica sobre la religión, su carácter “ esclavista ” en la historia del ser humano y la sinrazón del algunos “ engendros ” , como el Antiguo Testamento.
Desde su casa de la isla de Lanzarote, Saramago y su mujer, Pilar del Río, informaron hoy de la enhorabuena: la pulsión narrativa, la imaginación, la reflexión crítica y el pensamiento transgresor se volvieron a reunir en torno a la pluma del escritor portugués. Saramago, nacido en el pueblo de Azhinaga, en 1922, mantiene desde joven una relación tensa con la herencia doctrinaria y dogmática de la religión católica, la misma que sorbió desde pequeño, ya sea por pura tradición familiar o por los sucesivos regímenes totalitarios de su país, que siempre tuvieron como aliada a la Iglesia de Roma.
Saramago, quien defiende y abraza las ideas comunistas, no es la primera vez que utiliza algún pasaje bíblico o alguna de las metáforas que abundan en la literatura católica para convertirlos en su propia narrativa, como ocurrió en 1991 con la publicación de El Evangelio según Jesucristo , una novela que fue prohibida en su país durante años (siendo ya una “ República laica ” ) y que precipitó su salida de Portugal para asentarse definitivamente en la isla de Lanzarote.
La nueva novela de Saramago se publicará en octubre próximo, con el sello de Alfaguara, y se presentará por primera vez en Lisboa. La primera persona en haber leído el libro es su traductora y compañera, Pilar del Río, también presidenta de la Fundación José Saramago, quien celebró la llegada de una novela que “ no dejará a nadie indiferente ” . Desde su casa isleña, el propio Saramago señaló sobre su libro: “ Dios no es de fiar. ¿Qué diablos de Dios es éste que, para enaltecer a Abel, desprecia a Caín? ” , se preguntó el Nobel de Literatura.
El también autor de El ensayo sobre la ceguera afirma: “Algunos tal vez vuelvan a crucificarme, pero el espectáculo será menos interesante (que cuando publicó El Evangelio …). El Dios de los cristianos no es ese Jehová. Es más, los católicos no leen el Antiguo Testamento. Si los judíos reaccionan no me sorprenderé. Ya estoy habituado. Pero me resulta difícil comprender cómo el pueblo judío ha hecho del Antiguo Testamento su libro sagrado. Eso es un chorro de absurdos que un hombre solo sería incapaz de inventar. Fueron necesarias generaciones y generaciones para producir ese engendro”.
Saramago muestra con nitidez su convencimiento de que “ Dios, el demonio, el bien, el mal, todo eso está en nuestra cabeza, no en el cielo o en el infierno, que también inventamos. No nos damos cuenta de que, habiendo inventado a Dios, inmediatamente nos esclavizamos a él ” .
El Nobel también negó que este libro signifique un “ ajuste de cuentas ” con Dios, máxime tras haber sobrevivido a una severa enfermedad respiratoria que lo tuvo al borde de la muerte. Desde su salida triunfal de un pequeño hospital de Canarias, donde vivió lo más duro y peligroso de su convalecencia, Saramago se ha dedicado a escribir y a hacer algunos viajes, ahora menos y elegidos en función de su estado de salud.
En menos de un año ha escrito y publicado tres libros: El viaje del elefante , una novela con un paquidermo como personaje principal, los Cuadernos , en el que se incluyen sus escritos diarios, y ahora su nueva novela, Caín , que la escribió “ en una especie de trance ” , según explicó él mismo.
Pilar del Río señaló por su parte que, en la nueva novela de Saramago, “Caín es uno de los protagonistas principales. Otro es Dios y otro es la humanidad, con sus distintos nombres y pulsaciones. En este libro, como en los anteriores, El Evangelio según Jesucristo , por ejemplo, nuestro escritor no se anda por las ramas, ni busca subterfugios a la hora de abordar lo que durante milenios, y en las distintas culturas y civilizaciones, han dicho que es intocable e innombrable: la divinidad y el conjunto de normas y preceptos que los hombres establecen en torno a esa figura para exigirse a sí mismos –o tal vez sería mejor decir para exigirles a otros– una fe inquebrantable y absoluta, en la que todo se justifica, desde negarse a uno mismo hasta la extenuación, o morir ofrecido en sacrificio, o matar en nombre de Dios”.
Caín no es un tratado de teología, ni un ensayo, ni un ajuste de cuentas: es una ficción en la que Saramago pone a prueba su capacidad narrativa al contar, desde su peculiar estilo, una historia de la que todos conocemos la música y algunos fragmentos de la letra. Asimismo, su traductora advirtió que este libro “ no nos va a dejar indiferentes, provocará en los lectores desconcierto y quizá alguna angustia ” .
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sábado, 29 de agosto de 2009
lunes, 20 de octubre de 2008
Crimen financiero, José Saramago
Crimen (financiero) contra la humanidad
José Saramago
17-10-2008
http://www.rebelion .org/noticia. php?id=74526
La historia es conocida, y, en aquellos tiempos antiguos en que la escuela se proclamaba educadora perfecta, se le enseñaba a los niños como ejemplo de la modestia y la discreción que siempre deberían acompañarnos cuando el demonio nos tentara para opinar sobre lo que no conocemos o conocemos poco y mal. Apeles podía consentir que el zapatero le apuntase un error en el calzado de la figura que había pintado, por aquello de que los zapatos eran su oficio, pero que nunca se atreviera a dar su parecer sobre, por ejemplo, la anatomía de la rodilla. En suma, un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. A primera vista, Apeles tenía razón, el maestre era él, el pintor era él, la autoridad era él, mientras que el zapatero sería llamado cuando de ponerle medias suelas a un par de botas se tratase. Realmente, ¿hasta dónde vamos a llegar si cualquier persona, incluso la más ignorante de todas, se permite opinar sobre lo que no sabe? Si no tiene los estudios necesarios es preferible que se calle y deje a los sabedores la responsabilidad de tomar las decisiones más convenientes (¿para quién?).
Sí, a primera vista Apeles tenía razón, pero solo a primera vista. El pintor de Felipe y de Alejandro de Macedonia, considerado un genio en su época, ignoró un aspecto importante de la cuestión: el zapatero tenía rodillas, luego, por definición, era competente en estas articulaciones, aunque fuera solo para quejarse, si ese era el caso, de los dolores que sentía. A estas alturas, el lector atento ya habrá entendido que no es de Apeles ni del zapatero de lo que se trata en estas líneas. Se trata, sí, de la gravísima crisis económica y financiera que está convulsionando el mundo, hasta el punto de que no podemos escapar a la angustiosa sensación de que llegamos al final de una época sin que se consiga vislumbrar qué y cómo será lo que venga a continuación, tras un tiempo intermedio, imposible de predecir antes de que se levanten las ruinas y se abran nuevos caminos. ¿Cómo lo hacemos? ¿Una leyenda antigua para explicar los desastres de hoy? ¿Por qué no? El zapatero somos nosotros, todos nosotros, que presenciamos, impotentes, el avance aplastante de los grandes potentados económicos y financieros, locos por conquistar más y más dinero, más y más poder, con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o sucios, normalizados o criminales.
¿Y Apeles? Apeles son, precisamente, los banqueros, los políticos, las aseguradoras, los grandes especuladores que, con la complicidad de los medios de comunicación social, respondieron en los últimos 30 años, cuando tímidamente protestábamos, con la soberbia de quien se considera poseedor de la última sabiduría; es decir, aunque la rodilla nos doliera, no se nos permitía hablar de ella, se nos ridiculizaba, nos señalaban como reos de condena pública. Era el tiempo del imperio absoluto del Mercado, esa entidad presuntamente auto reformable y auto regulable encargada por el inmutable destino de preparar y defender para siempre jamás nuestra felicidad personal y colectiva, aunque la realidad se encargase de desmentirlo cada hora que pasaba.
¿Y ahora? ¿Se van a acabar por fin los paraísos fiscales y las cuentas numeradas? ¿Será implacablemente investigado el origen de gigantescos depósitos bancarios, de ingenierías financieras claramente delictivas, de inversiones opacas que, en muchos casos, no son nada más que masivos lavados de dinero negro, de dinero del narcotráfico? Y ya que hablamos de delitos: ¿tendrán los ciudadanos comunes la satisfacción de ver juzgar y condenar a los responsables directos del terremoto que está sacudiendo nuestras casas, la vida de nuestras familias, o nuestro trabajo? ¿Quién resuelve el problema de los desempleados (no los he contado, pero no dudo de que ya son millones) víctimas del crash y qué desempleados seguirán, durante meses o años, malviviendo de míseros subsidios del Estado mientras los grandes ejecutivos y administradores de empresas deliberadamente conducidas a la quiebra gozan de millones y millones de dólares cubiertos por contratos blindados que las autoridades fiscales, pagadas con el dinero de los contribuyentes, fingen ignorar?
Y la complicidad activa de los gobiernos, ¿quién la demanda? Bush, ese producto maligno de la naturaleza en una de sus peores horas, dirá que su plan ha salvado (¿salvará?) la economía norteamericana, pero las preguntas a las que tendría que responder están en la mente de todos: ¿no sabía lo que pasaba en las lujosas salas de reunión en las que hasta el cine nos ha hecho entrar, y no solo entrar, sino asistir a la toma de decisiones criminales sancionadas por todos los códigos penales del mundo? ¿Para qué le sirven la CIA y el FBI, además de las decenas de otros organismos de seguridad nacional que proliferan en la mal llamada democracia norteamericana, esa donde un viajero, a su entrada en el país, tendrá que entregar a la policía de turno su ordenador para que este copie el respectivo disco duro? ¿No se ha dado cuenta el señor Bush que tenía al enemigo en casa, o, por el contrario, lo sabía y no le importó?
Lo que está pasando es, en todos los aspectos, un crimen contra la humanidad y desde esta perspectiva debe ser objeto de análisis, ya sea en los foros públicos o en las conciencias. No exagero. Crímenes contra la humanidad no son solo los genocidios, los etnocidios, los campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas. Crimen contra la humanidad es el que los poderes financieros y económicos de Estados Unidos, con la complicidad efectiva o tácita de su gobierno, fríamente han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo, amenazadas de perder el dinero que les queda después de, en muchísimos casos (no dudo de que sean millones), haber perdido su única y cuántas veces escasa fuente de rendimiento, es decir, su trabajo.
Los criminales son conocidos, tienen nombre y apellidos, se trasladan en limusinas cuando van a jugar al golf, y tan seguros están de sí mismos que ni siquiera piensan en esconderse. Son fáciles de sorprender. ¿Quién se atreve a llevar a este gang ante los tribunales? Todos le quedaríamos agradecidos. Sería la señal de que no todo está perdido para las personas honestas.
José Saramago es Premio Nóbel de Literatura
Etiquetas:
crimenes contra la humanidad,
crisis 2008,
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