Virtudes Prusianas

VIRTUDES PRUSIANAS (Brandenburgo-Prusia, Alemania):
Perfecta organización * Sacrificio * Imperio de la ley * Obediencia a la autoridad * Militarismo * Fiabilidad * Tolerancia religiosa * Sobriedad * Frugalidad * Pragmatismo * Puntualidad * Modestia * Diligencia

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miércoles, 20 de julio de 2022

Churchill, tal vez el mayor fraude y embuste en la historia

 https://jacobinlat.com/2021/05/10/el-verdadero-winston-churchill-racista-pro-imperialismo/

En las protestas que se desarrollaron en 2000 durante el Día del Trabajador en Inglaterra, nada exasperó más a los sectores dominantes británicos ⸺la prensa, los políticos, los tribunales de la opinión respetable⸺ que la vandalización de la estatua de Winston Churchill en Parliament Square. Los manifestantes pintaron los contornos de la boca de Churchill con un aerosol color rojo sangre, y con uno verde brillante le pintaron una cresta al estilo Mohawk. Transformaron al estoico padre de la nación en el Joker y esto era inadmisible. La iconoclasia está muy bien e incluso debe ser alentada, ¡pero no cuando se aplica a un verdadero ícono! 

Es difícil transmitir el valor simbólico y afectivo que tiene este hombre para la clase dominante británica y para una parte considerable de los ciudadanos (aunque entre estos últimos su figura parece estar en decadencia). Aquellos cuya conciencia nacional está moldeada por el folclore tradicional de la Segunda Guerra Mundial, que exceptuando el triunfo en la Copa del Mundo de 1966, fue probablemente el último momento de «grandeza» de Inglaterra, conocen a Churchill como a ese hombre que hizo más que cualquier otro para derrotar al nazismo. Al frente de un gobierno de coalición durante la guerra, exhortó al país, al que concebía como una nación que había sido mal gobernada y traicionada, a apostar y ganar. Salvó al Estado británico y lo condujo a través de una de sus peores crisis. Durante su vida, Churchill fue el último líder británico realmente amado; desde entonces, nadie estuvo ni cerca de lograr algo así.

Durante los años 1980, cuando yo iba a la escuela en el norte de Irlanda, la joya esmeralda del Imperio, este hombre todavía despertaba sentimientos enérgicos. Nuestro profesor de Historia, rojo y sindicalista, cuando nos hablaba de la Segunda Guerra Mundial, relataba con orgullo una historia apócrifa en la que Hitler, luego de escuchar que Churchill estaba al frente de la campaña bélica, se preguntaba anonadado: «¿Qué haremos ahora?». Y nosotros, los estudiantes, con los ojos distantes y brillosos, pensábamos en la escena con satisfacción. ¿Qué harán ahora? Recibir una patada en el culo, eso es lo que harán. No jodan con el mejor.

Churchill es, además de un mito nacional, una pequeña industria artesanal de baratijas y la fuente de una nostalgia un poco ridícula e interminable. Hay libros que celebran su excelente ingenio, tazas adornadas con su rostro, trapos de cocina que citan al gran hombre y una interminable fila de historiadores oficiales ⸺cuando se trata de Churchill, casi no hay otro tipo de historiador⸺ que recapitulan su gloria. ¿Salió una película sobre su vida con Gary Oldman? La apilemos en el montón, junto a la última película con Brian Cox y la anterior, con Brendan Glesson, y la otra, más vieja, con Albert Finney, y aquella incluso anterior, con Michael Gambon. Esta industria funciona casi como una dependencia estatal dedicada a ensalzar a nuestra «joya nacional» con buenas actuaciones y es probable que se genere otro mini-boom, dado que los sentimientos que circulan en torno al Brexit parecen alimentar el retorno cultural del Imperio.

Sea como sea, por mi parte dejé de percibir el brillo hace tiempo y disfruto de la obra de los manifestantes en Parliament Square. ¿Qué salió mal?

La industria cultural no siempre fue un mal lugar para conocer a Churchill. El actor Richard Burton, mientras se preparaba para su interpretación de Churchill en un drama televisivo, escribió unas frases célebres para el New York Times:

Mientras estudiaba […] Me di cuenta nuevamente de que odio a Churchill y a todos los de su especie. Los odio con virulencia. Recorren los pasillos interminables del poder desde tiempos inmemoriales […] ¿Quién en su sano juicio diría, luego de escuchar las atrocidades cometidas por los japoneses contra los prisioneros de guerra británicos, neozelandeses y australianos, «Debemos eliminarlos a todos y a cada uno, hombres, mujeres y niños. No habrá ninguna izquierda japonesa en la faz de la Tierra»? Estos antojos de venganza simplistas me generan un asombro espantoso y me repugna esa fiereza despiadada y obtusa.

Debido a esta iconoclasia, Burton fue tachado de la lista para cualquier trabajo futuro en la BBC. Se lo acusó de haber «actuado de manera poco profesional» y evidentemente se consideró que había cometido un acto de traición. Sin embargo, su cuestionamiento tocó algo de la figura de Churchill que suele herir la sensibilidad británica, a tal punto que se opta por no hablar del tema: el entusiasmo que le generaban las masacres imperiales. Se mire donde se mire, a Churchill le chorrea sangre por la boca. Era un fanático de la violencia.

Churchill descendía de la gran aristocracia: hijo del canciller lord Randolph Churchill, siempre fue un niño destinado a ocupar un alto cargo en el gobierno, sin importar lo que hiciera. Debe notarse que el joven Churchill no era un reaccionario declarado. Miembro del Partido Conservador, se consideraba a sí mismo un liberal no reconocido, sus actitudes ⸺secular, a favor del libre mercado, a favor de la democracia y a favor de algunas leves concesiones a la clase trabajadora⸺ reflejaban la ideología de un liberalismo whig que ya en aquel entonces estaba en decadencia. (La única excepción en su orientación era que rechazaba la idea de que Irlanda tuviese un gobierno autónomo).

Pero ser un liberal en aquel tiempo no era de ninguna manera incompatible con el imperialismo, el racismo, el antisemitismo, el apoyo de la eugenesia y el desdén patriarcal hacia las sufragistas. Tal como sugiere Candice Millard en Hero of the Empire, que narra la historia de sus hazañas en las guerras bóeres, Churchill fue un político criado y formado por el Imperio británico. Llegó a la adultez con una aguda percepción de sus propias posibilidades de convertirse en una figura importante y era reputado por ensalzar el coraje frente a la muerte. El Imperio británico les había ofrecido a millones de personas, dispuestas a recorrer medio mundo para gobernar a pueblos de los que no tenía ningún conocimiento, la posibilidad de realizar sus aventuras. En un imperio que envolvía a alrededor de 450 millones de personas en un abrazo mortífero, empezaban a surgir revueltas y luchas en el sur de África, en Egipto y en Irlanda. Millard escribe:

A Churchill esos conflictos tan lejanos le brindaron una oportunidad irresistible para cultivar la gloria personal y hacer progresar su carrera. Cuando ingresó al ejército británico y se convirtió finalmente en un soldado con posibilidades reales de morir en combate, su entusiasmo por la guerra no flaqueó. Por el contrario, le escribió a su madre que no veía las horas de combatir, «no tanto a pesar de, sino más bien a causa de los riesgos que corro.

Churchill tuvo éxito y demostró ser un hombre a la medida de esos estándares imperiales. Luchó en la India y en Sudán. Ayudó a los españoles a reprimir a quienes luchaban por la libertad en Cuba y, luego de una breve carrera parlamentaria en Sudáfrica, luchó en la segunda guerra de los bóeres. Esta experiencia preparó a Churchill para buscar soluciones similares a los problemas nacionales. Cuando se unió al gobierno liberal de 1906, defendió agresivamente la aplicación de medidas autoritarias para contener la desobediencia social. La promoción de Churchill al cargo de ministro del Interior cuatro años después, llegó en un momento de agitación social en el Reino Unido. Las luchas irlandesas por el gobierno autónomo, las sufragistas, las huelgas… Churchill se opuso violentamente a todas.

En la hagiografía de Churchill se pone mucho énfasis en refutar la idea de fue él quien ordenó a las tropas atacar a los mineros que estaban en huelga en Gales del Sur (motivo por el cual la comunidad local lo odia hasta el día de hoy). Lo que sucedió en realidad es que Churchill envió escuadrones de la policía desde Londres y mantuvo una tropa de reserva en Cardiff por si la policía no lograba cumplir su misión. Nunca hubo ninguna duda de que Churchill estaba del lado de los patrones y estaba preparado para desplegar toda la fuerza del Estado británico a favor de ellos. Durante un enfrentamiento con unos anarquistas letones armados en Stepney, tomó la inusual medida de asumir el mando de la policía mientras duró el asedio y finalmente optó por matar al enemigo incendiando la casa en la que estaban atrapados y dejándolos arder hasta la muerte.

Sin embargo, este cargo duró poco tiempo. Churchill fue designado en una posición militar de alto rango ⸺primer lord del Almirantazgo⸺ que le otorgó el control de la Marina Real británica. Tecnófilo, impulsó la modernización, el combate aéreo y luego los tanques. Pero nada en su experiencia vital lo preparó para la gloria de la Primera Guerra Mundial: «¡Dios!», exclamó en 1915. «Esto, esto esto es la verdadera Historia. Todo lo que hacemos y decimos es emocionante. ¡Pensar que será leído por miles de generaciones! Ese es el motivo por el cual no abandonaría esta deliciosa y gloriosa guerra por nada del mundo».

El fanatismo de Churchill tal vez haya sido la causa del desastre militar de Galípoli de 1915. En una campaña para reclamar el control sobre el estrecho de los Dardanelos y sacar a Turquía de la guerra, estuvo al mando de una operación que envió fuerzas británicas, francesas, neozelandesas y australianas ⸺la mayoría compuestas por voluntarios poco entrenados⸺ a sitiar la península de Galípoli. Todo culminó en el aplastamiento de esas unidades y la degradación del cargo de Churchill, que dejó el gobierno y se unió al ejército para comandar un batallón.

Tal vez si sus credenciales de clase hubiesen sido menos encomiables, este fracaso le hubiese puesto fin a su carrera. En cambio, volvió al parlamento en 1916 y otra vez logró un rápido ascenso: ministro de Armamento y Municiones, secretario de guerra y luego secretario de las Fuerzas Aéreas. Era un feroz defensor de intervenir para sofocar la Revolución Rusa y escribió con furia sobre el peligro que representaban los «judíos internacionales» (comunistas) y su «confederación siniestra», frente a los que invocaba al mucho más aceptable «judío nacional» (sionismo). Estas opiniones son interpretadas de forma desconcertante por algunos hagiógrafos, por ejemplo Martin Gilbert, como una prueba de su filosemitismo.

Además de su dicotomía «buen judío-mal judío», profundamente antisemita, los motivos del respaldo colonial que Chuchill brindó al sionismo quedaron claros cuando se dirigió a la Comisión Real Palestina a propósito del tema de la autodeterminación palestina. Recurriendo al bestiario para construir sus imágenes, comparó el autogobierno con el perro que sostiene su propia correa, un derecho que no estaba dispuesto a reconocer. «No admito», continuó, «que se haya hecho un gran daño a los Indios Rojos de América, o a los negros de Australia […] por el hecho de que una raza más fuerte, una raza más elevada […] haya reclamado su lugar».

Como estratega imperial, Churchill recomendó combatir la insurgencia en el Mandato británico de Mesopotamia utilizando gas venenoso. En efecto, había sido un pionero en el uso de estas armas contra los bolcheviques en Rusia. Es importante reconocer que, al igual que su defensa del combate aéreo, tendía a justificar todo esto como alternativas tecnológicas más humanas a los brutales métodos antiguos. «Estoy enérgicamente a favor de usar gas venenoso contra las tribus incivilizadas», escribió, antes de explicar: «El efecto moral debería bastar para permitirnos reducir la cantidad de víctimas mortales al mínimo».

Cuando alguien en el gobierno indio puso algún reparo frente al «uso del gas contra los nativos», consideró que sus objeciones eran irracionales. «El gas es un arma más clemente que un proyectil explosivo y fuerza al enemigo a aceptar una decisión con menos víctimas mortales que cualquier otra acción de guerra». Tal como nos recuerda el historiador Sven Lindqvist, esta lógica apuntaló algunas de las innovaciones más bárbaras de la guerra. Hasta el uso de armas nucleares en Hiroshima y Nagasaki se justificó en parte como un medio para salvar vidas.

Churchill, tory liberal, tal vez debería haberse alarmado por el ascenso del fascismo en Europa. Pero era un optimista inmoderado. Creía que Mussolini era un buen gobernante para Italia y que el fascismo era un bastión útil en la lucha contra el comunismo. Su nacionalismo, su militarismo y su defensa del orden social y de la tradición tiñeron su interpretación de este movimiento emergente.

«Con el fascismo en tanto tal […] no tenía discrepancias», escribe el historiador Paul Addison. «En febrero de 1933 elogió a Mussolini […] diciendo que era el estadista más grande de todos». Paul Mason agrega que Churchill le agradeció a Mussolini por haberle «rendido un servicio al mundo» en su guerra contra el comunismo, los sindicatos y la izquierda. De visita en Italia en 1927, declaró: «Si fuera italiano, estoy seguro de que lo hubiese apoyado incondicionalmente desde el comienzo hasta el final en su lucha triunfal contra los apetitos y las pasiones bestiales del leninismo». Luego volvió a escribir sobre sus relaciones «íntimas y cordiales» con Mussolini y dijo que «en el conflicto entre el fascismo y el bolchevismo, no quedan dudas acerca de dónde están mis simpatías y mis convicciones».

En 1935, Churchill expresó su «admiración» por Hitler y «el coraje, la perseverancia y la fuerza vital que le permitieron […] superar todos los […] obstáculos que bloqueaban su camino». Addison explica que, a pesar de que Churchill no estaba de acuerdo con la persecución nazi de los judíos, eran «las ambiciones externas de los nazis, no sus políticas internas, lo que más le preocupaba».

Pero, ¿cuáles ambiciones externas eran problemáticas y cuáles no? La invasión italiana de Etiopia no perturbaba a Churchill en lo más mínimo. Sucedía muy lejos, en una zona concebida como legítima para la conquista colonial. En cuanto al Tercer Reich, debe decirse que muchas de sus concepciones estratégicas y territoriales se inspiraban en el Imperio británico. De hecho, su objeto fetiche más preciado, la «raza aria», había sido inventada por los británicos, por sus filólogos y arqueólogos mientras trabajaban en el Sudeste Asiático. Hitler quería adoptar los motivos del imperio y aplicárselos a Europa.

Era probable que esto llevara a una guerra de aniquilación contra el «bolchevismo judío», y es difícil creer que Churchill o cualquier miembro de la clase dominante británica hubiera tenido algún reparo. Pero expandirse a lo largo y ancho del continente europeo era otra cosa. En otras palabras, el fascismo solo se convirtió en un problema cuando Churchill reconoció en él una amenaza al Imperio británico y al orden europeo de Estados nación al cual estaba integrado. Solo entonces, y solo en este sentido, el fascismo se volvió peor que el comunismo.

Churchill se convirtió en un destacado defensor del rearme y en un enemigo de la mayoría de los sectores políticos y militares dominantes de Gran Bretaña, que querían posicionarse del lado de Hitler en la guerra contra Rusia. Sin embargo, siguió pensando que los nazis podían quedar aislados y que era posible forjar la unidad con los fascismos de Italia y de España. Por eso siguió elogiando a Mussolini y le negó cualquier apoyo a la España republicana. Durante la guerra civil española, que en muchos sentidos fue un preludio de la Primera Guerra Mundial, consideraba que la república era un «frente comunista» y que los fascistas a los que respaldaba Hitler constituían un «movimiento antirrojo» justificado. Está claro que Churchill no podría haber objetado a Franco cuando bombardeó y lanzó gas venenoso sobre sus enemigos, devolviéndole a España los métodos de represión perfeccionados en Marruecos, dado que eran técnicas que él mismo consideraba humanas y dignas.

Finalmente, la agresión de Hitler forzó a la clase dominante británica a abandonar la posición de la mayoría que quería colaborar con el Tercer Reich («apaciguamiento»). La invasión de Polonia convenció al gobierno de Neville Chamberlain de tomar las armas y convirtió nuevamente a Churchill en primer lord del Almirantazgo. Pero el compromiso poco entusiasta del gobierno con la guerra se prolongó rápidamente en una crisis que culminó con su colapso y con la formación de un nuevo gobierno de coalición liderado por Churchill.

Aun luego de su designación, Churchill todavía buscaba una alianza con los regímenes fascistas menos ambiciosos. La historiadora Joanna Bourke recoge una exhortación desesperada a Mussolini de mayo de 1940:

¿Es demasiado tarde para evitar que fluya un río de sangre entre el pueblo británico y el italiano? […] Por sobre todas las otras exigencias que nos llegan a través de los siglos, destaca el grito que dice que los herederos de la civilización cristiana y latina no deben entrar en contiendas mortales los unos con los otros. Prestándole oídos, te lo suplico con todo mi honor y respeto, antes de que se imponga sobre nosotros la señal del terror.

Ese mismo años, le escribió a Franco en un tono similar:

Los intereses y la política británica se fundan en la independencia y en la unidad de España y esperamos que pronto puedan tomar su legítimo lugar como potencia mediterránea y como miembro destacado de la familia de Europa y de la cristiandad.

A pesar de que sus esfuerzos fueron vanos en Italia, Churchill logró formar una alianza con Franco que prolongó la vida de su régimen.

Por supuesto, tal como se dijo muchas veces, la Segunda Guerra Mundial no fue solo una guerra. Ernest Mandel argumentó que se desarrollaron al menos cinco guerras en simultáneo: junto a la guerra entre las potencias imperialistas, se desplegaron también las guerras populares anticoloniales del sur de Asia y de África, la autodefensa rusa, la lucha de China contra el imperialismo japonés y la guerra popular antifascista. Hubo luchas populares contra el fascismo en Grecia, en España, en Yugoslavia, en Polonia y en Francia, y fueron los milicianos de China, Vietnam, India e Indonesia los que resistieron al imperialismo japonés. Incluso en Gran Bretaña hubo movimientos que alcanzaron niveles considerables de radicalización después de 1940 y que intentaron transformar la campaña bélica en una guerra antifascista popular.

Sin embargo, para Churchill se trataba solo de una guerra imperialista y la desarrolló con esa orientación. Los británicos fueron los primeros en bombardear poblaciones civiles durante el conflicto. Lo hicieron en los suburbios de Berlín. Churchill declaró que Gran Bretaña no sería capaz de derrotar al Tercer Reich con un ejército continental masivo, sino que «debía destrozar al régimen nazi a través de los ataques destructivos y del extermino que eran capaces de generar sus enormes bombarderos». La gran mayoría de las bombas fueron lanzadas sobre las áreas residenciales y no sobre la infraestructura estratégica. De acuerdo con el director de Inteligencia Aérea, citado por el historiador Richard Overy, los bombarderos apuntaron contra «los barrios, los hogares, la alimentación, el suministro de calor y de energía, es decir, contra la vida familiar de esa sección de la población que, en cualquier país, es la que menos capacidad tiene de desplazarse y la más vulnerable a un ataque aéreo: la clase trabajadora». Esto culminó tristemente con el bombardeo de Dresde.

La táctica de incinerar civiles apostaba, de manera absurda, a la idea de que esto desmoralizaría a la población y desgastaría a la resistencia, una idea cuya naturaleza errónea deberían haber develado a los ojos del Imperio británico las guerras coloniales. Una guerra antifascista podría haber movilizado a la población civil que resistía al fascismo y hubiese acelerado el colapso del régimen. Pero para Churchill, esto era simplemente impensable. Este era el hombre que se había unido a la caballería de Omdurmán para vengar al coronel Gordon y cuya carrera militar estuvo siempre marcada por la ardorosa pasión del peligro y la muerte. Este era el hombre que había luchado para reprimir a los insurrectos a lo largo y ancho del mundo, el hombre que creía que era correcto lanzar gases venenosos y bombardear a los «nativos» en cualquier lugar en el que rechazaran los mandatos británicos. La guerra total era la conclusión lógica.

Luego de la guerra, cuando los Aliados discutían si utilizar la dependencia que Franco tenía del petróleo para convencerlo de que moderara un poco su gobierno, Churchill disintió furiosamente, argumentando que esto era «poco menos que sembrar una revolución en España. Empezamos con el petróleo, pronto terminaremos en la sangre». Los comunistas, dijo, se volverían «los dueños de España» y la «infección» se esparcirá «rápidamente a través de Italia y Francia». Una vez derrotada la agresión nazi, el comunismo volvía a ser el enemigo principal, tal como dijo al proclamar la Guerra Fría en su discurso de marzo de 1946 sobre la «cortina de hierro».

Churchill salió muy deteriorado de la guerra. Fue muy popular mientras duró y siguió siendo ampliamente respetado por la decisión de luchar y por la energía implacable que puso en el combate. Pero empezaba a sentirse la exigencia de una gran reforma social y eso implicó una victoria para el laborismo.

A comienzos de 1951, disfrutó de un mandato más como primer ministro durante el cual mantuvo casi todas las reformas implementadas por el laborismo y ⸺esto un acuerdo práctico entre ambos partidos⸺ desplegó una guerra brutal e intransigente contra la Revuelta del Mau Mau en Kenia y contra los rebeldes malayos. Durante la Emergencia malaya, Churchill demostró de nuevo que era un modernizador: Gran Bretaña fue el primer Estado que utilizó el Agente Naranja y otros herbicidas similares, y adoptó con alegría la misma política de bombardeo en alfombra que los Estados Unidos utilizaron en Vietnam. Luego, gravemente enfermo, se retiró.

Churchill pasó una buena parte de su vida repeliendo las amenazas «nativas» contra el Imperio británico y ayudó a este último a salvarse del Tercer Reich. Las personas que él consideraba aptas para gobernar fueron derrocadas en la mayoría de los casos por las mismas movilizaciones que suscitó la lucha contra Hitler.

Tiene sentido que el Estado británico idolatre Churchill. La historia de este hombre es su propia historia. Pero, ¿quién, conociendo esta historia, puede sumarse a la reverencia?

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El mito de la (sola) culpabilidad alemana en la segunda guerra mundial

The Myth Of German Culpability
The 2nd World War
The True Sequence Of Aggression
By Michael Walsh
10-4-8


One of the great mysteries of life is that despite the evidence to the contrary millions of otherwise intelligent people still believe that Germany was the all powerful aggressor during the 2nd World War. Nothing better than these myths illustrate the mind-bending power of propaganda.

The provable facts suggest that Germany was the victim and not the perpetrator of naked neighboring aggression. The subsequent allied military triumph was followed by the triumph of the propagandists whose pressing need was to depict the victor nations as being the victim.

THE BRUTISH EMPIRE

"Germany is too strong. We must destroy her."
- Winston Churchill, Nov. 1936.

"In no country has the historical blackout been more intense and effective than in Great Britain. Here it has been ingeniously christened The Iron Curtain of Discreet Silence. Virtually nothing has been written to reveal the truth about British responsibility for the Second World War and its disastrous results." - Harry Elmer Barnes. American Historian

"The war was not just a matter of the elimination of Fascism in Germany, but rather of obtaining German sales markets." - Winston Churchill. March, 1946.

"Britain was taking advantage of the situation to go to war against Germany because the Reich had become too strong and had upset the European balance." - Ralph F. Keeling, Institute of American Economics

"I emphasized that the defeat of Germany and Japan and their elimination from world trade would give Britain a tremendous opportunity to swell her foreign commerce in both volume and profit." - Samuel Untermeyer, The Public Years, p.347.

On September 2nd 1939 a delegate of the Labour Party met with the British Foreign Minister Halifax in the lobby of Parliament. 'Do you still have hope?'he asked. 'If you mean hope for war,' answered Halifax, 'then your hope will be fulfilled tomorrow. 'God be thanked!' replied the representative of the British Labour Party. - Professor Michael Freund.

"In Britain, Lord Halifax was reported as being 'redeemed'. He ordered beer. We laughed and joked." - H. Roth. Are We Being Lied To?

"In April, 1939, (four months before the outbreak of war) Ambassador William C. Bullitt, whom I had known for twenty years, called me to the American Embassy in Paris. The American Ambassador told me that war had been decided upon. He did not say, nor did I ask, by whom. He let me infer it. ... When I said that in the end Germany would be driven into the arms of Soviet Russia and Bolshevism, the Ambassador replied: "'what of it? There will not be enough Germans left when the war is over to be worth bolshevising." - - Karl von Wiegand, April, 23rd, 1944, Chicago Herald American

"I felt sorry for the German people. We were planning - and we had the force to carry out our plans - to obliterate a once mighty nation." - Admiral Daniel Leahy; U.S Ambassador

MYTH 1. THE GERMAN NATION IS AN AGGRESSIVE NATION

The facts prove otherwise. A Study of War by Prof. Quincy Wright, shows that in the period from 1480 to 1940 there were 278 wars involving European countries whose percentage participation was as follows:

ENGLAND28%
FRANCE26%
SPAIN23%
RUSSIA22%
AUSTRIA19%
TURKEY15%
POLAND11%
SWEDEN9%
ITALY9%
NETHERLANDS8%
GERMANY (INCLUDING PRUSSIA)8%
DENMARK7%

Likewise, Pitirim Sorokin, Vol.111, Part.11, Social and Cultural Dynamics, shows that from the 12th Century to 1925 the percentage of years in which leading European powers have been at war is as follows. (p.352).

COUNTRY PERCENTAGE OF YEARS AT WAR

SPAIN67%
POLAND58%
ENGLAND56%
FRANCE50%
RUSSIA46%
HOLLAND44%
ITALY36%
GERMANY28%

Sorokin concludes therefore, "that Germany has had the smallest and Spain the largest percent of years at war." Of leading modern European states, England, France and Russia show clearly twice the aggressive tendencies of Germany.

From the years 1815 to 1907 the record stands as follows:

BRITAIN10 warsRUSSIA7 warsFRANCE5 warsAUSTRIA3 warsPRUSSIA-GERMANY3 wars

GERMANY DID NOT WANT WAR

"I believe now that Hitler and the German people did not want war. But we declared war on Germany, intent on destroying it, in accordance with our principle of balance of power, and we were encouraged by the 'Americans' around Roosevelt. We ignored Hitler's pleadings not to enter into war. Now we are forced to realize that Hitler was right." - Attorney General, Sir. Hartley Shawcross, March,16th, 1984

"The last thing Hitler wanted was to produce another great war." - Sir. Basil Liddell Hart

"I see no reason why this war must go on. I am grieved to think of the sacrifices which it will claim. I would like to avert them." - Adolf Hitler, July, 1940.

Winston Churchill agrees: "We entered the war of our own free will, without ourselves being directly assaulted." - Guild Hall Speech, July 1943.

MYTH.2 THE GERMAN ARMED FORCES
OUTNUMBERED THEIR NEIGHBOURS

POLAND

30 Active Divisions
10 Reserve Divisions
12 Large Cavalry Brigades
Poland had nearly 2,500,000 trained men available for mobilisations.

FRANCE

110 Divisions
65 were active divisions
Including 5 cavalry divisions, two mechanised divisions, one armoured division, the rest being infantry. On the German borders stood the French commandstood 85 Divisions and could mobilise 5,000,000-armed troops. These were supported backed by five British divisions.

BRITAIN

Britain's relatively small but high quality Regular Army was supported by the Territorial Army consisting of 26 Divisions with plans well in hand to boost this to 55 divisions. This of course was in turn supported by the then world's largest conscription army holding an empire 'upon which the sun never set.'

The British Empire consisted also of the former German 'empire' of New Guinea, Nauru, Western Samoa, South West Africa, Quattar, Palestine, Transjordan, Tanganyika, Iraq, Togoland and the Cameroons. These territories stolen from Germany added another 1,061,755 square miles to the British Empire, the equivalent of 35 Scotlands

GERMANY

Against these formidable forces Germany was able to mobilise just ninety-eight divisions of which only fifty-two were active (including Austrian divisions). Of the remaining 46 divisions only 10 were fit for action on mobilisation and even in these the bulk of them were raw recruits who had been serving for less than one month.

The other 36 divisions consisted mainly of Great War veterans over the age of forty who were unfamiliar with modern weapons and up to date military techniques.

THE BALANCE SHEET

On the balance sheets it can be seen that the Poles and French alone, not counting Britain and its Empire, had the equivalent of 130 divisions against a total of 98 German divisions of with 1/3rd were virtually untrained men.

In terms of trained soldiers the Germans were at an even bigger disadvantage. (Note at the outbreak of war over 50% of the German armed forces was horse drawn).

WAR IN THE AIR

"The superiority of the Luftwaffe has been greatly exaggerated to create the impression that Britain was the underdog; a David fighting Goliath. In the run up to the Battle of Britain (August 10th 194) the Luftwaffe had 929 fighters available; mostly single-engine Messerschmitt 109s. Of these 227 were twin-engine long-range Me110s which had a top speed of 350mph. Although it had a faster rate of climb it was inferior when turning or manoeuvring.

The ME109's range restricted its field of operation. Their real fields of operation ­ out and back ­ was a little over 100 miles, a flight time of barely 95 minutes and a tactical flight time of just 75 minutes. This was a sever handicap when it is considered that whereas the Luftwaffe pilots were operating scores of miles from their base, British pilots were often within sight of their own. This handicap was made more critical by the fact that downed RAF pilots could be rescued whilst Luftwaffe pilots were of course ­ if they were lucky ­ imprisoned.

The twin-engine ME110 was a slow flyer able to cruise at a little less than 300mph and was easily outpaced by the RAF's Spitfires. It was also 'sluggish in acceleration and difficult to manoeuvre.'

The greatest handicap for the Germans however was there primitive radio equipment. Unlike the British versions it was poor in air-to-air operation and could not be controlled by the ground.

On the British side a total surpassing 650 fighter aircraft had been amassed by mid-July, mostly Hurricanes and Spitfires although including nearly 100 of the older types. During that whole year Britain produced 4,238 fighters compared with a derisory 3,000 manufactured by Germany.

In terms of armaments the noted British military historian, B.H Liddell Hart noted: "What is quite clear, and became evident at the start, was that the German bombers were too poorly armed to be able to beat off the British fighters without a fighter escort of their own." ­ History of the Second World War.

GERMANY AND OTHER FREE COUNTRIES ATTACKED

Poland carried out the first acts of aggression. In March 1939 Poland, already occupying German territory 'acquired' in 1919 invaded Czechoslovakia. During the months running up to the outbreak of war Polish armed forces repeatedly violated German borders. On August 31st 1939 Polish irregular armed forces launched a full scale attack on the German border town of Gleiwitz.

Within hours Germany retaliated resulting in Britain and France's declarations of war on the German nation on 3rd Sept 1939. In Britain's case this declaration of war was constitutionally illegal. It was not as it should have been ratified by parliament.

Despite her borders being constantly attacked by the numerically superior armies of France and England, and economically strangled by world finance, Germany refused to be drawn, negotiated for peace and turned the other cheek for ten months.

Only when it accurately learned that England intended to broaden the western front by occupying the Low Countries and Norway, thus surrounding and threatening Germany's entire borders, did Germany carry out a pre-emptive strike.

Germany's defensive counter attack was launched on 10th May 1940. This resulted in the rout of 330,000 British and French troops by a significantly smaller army. It was one of the worst debacles in military history. (The British press called it 'a miracle).

Russia invaded Finland on Nov 30th 1939. Britain (not for the first time) and France invaded Norway's neutrality on 8th April 1940. To avoid attack via the Baltic Sea Germany counter-attacked. In the small battles that followed (Trondheim) 2,000 German troops routed 13,000 British troops. They were evacuated on 1st May. To save face Churchill disembarked 20,000 British troops at Narvik. They were driven out by 2,000 Austrian Alpine troops.

Canada declared war on Germany 10th Sept 1939. In June 1940 Soviet Russia invaded Latvia, Estonia, Lithuania and Rumania. In June 1940, Britain declared war on Finland, Rumania and Hungary whilst also occupying defenseless Iceland. All of these acts of aggression in gross violation of international law and previously signed trea
ties.

miércoles, 15 de octubre de 2008

El rol judeo-zionista en las causas de la segunda guerra mundial

El rol judeo-zionista en las causas de la segunda guerra mundial
The Heretical Press

"En 1941, el escritor judío, Theodor N. Kaufman, escribió: Alemania Debe Perecer. Kaufman diseñó un plan para la destrucción total de la población alemana por un método muy simple: la esterilización masiva de todos los hombres y mujeres alemanes entre la edad de la pubertad y los sesenta años."

De una edición de 1993 de la revista Spearhead de John Tyndall

Los poderes que emergieron victoriosos de la Primera Guerra Mundial hicieron una segunda guerra casi inevitable por las condiciones de paz que ellos impusieron sobre Alemania. Esa segunda guerra fue una realidad, no por las intenciones de Hitler, sino por la determinación de sus eternos enemigos para destruir la nueva Alemania que él había creado.

Por el Tratado de Versalles el 28 de Junio de 1919 y el Tratado de St. Germain, llevado a cabo el 20 septiembre del mismo año, el pueblo alemán fue humillado totalmente. El primer ministro británico, Lloyd George, escribió:

"Los banqueros internacionales barrieron a un lado a todos los estadistas, políticos, periodistas y juristas y emitieron sus órdenes con el imperativo de monarcas absolutos".

El viejo Imperio Austriaco fue balkanizado sin respeto por sus varias culturas y nacionalidades. Prusia oriental fue separada de Alemania por una gran área que fue cedida a Polonia. Los Sudetes alemanes fueron puestos bajo control Checo. El área de la minería de carbón del Valle de Saar sería administrada durante quince años por la Liga de Naciones y luego se llevaría a cabo un plebiscito. La corrupta República de Weimar fue impuesta sobre la nación alemana y la clase media fue despojada de su patrimonio por las corruptas finanzas. Había millones de desempleados y los líderes revolucionarios judíos de Espartaco como Karl Leibknecht y Rosa Luxembourg estaban avivando la revolución roja.

EL CONTROL EXTRANJERO

El Daily Mail informó el 10 de Julio de 1933:

"La nación germana, por otra parte, estaba cayendo rápidamente bajo el control de elementos extranjeros. En los últimos días del régimen antes de Hitler había veinte veces más funcionarios judíos en el gobierno de Alemania que antes de la primera guerra. Israelitas con contactos internacionales estaban posicionándose en cargos claves de la máquina administrativa alemana"

El Dr. Manfred Reifer, un conocido líder de los judíos de Bukovina, escribió en la revista judía Czernowitzer Allegemeine Zeitung (Sept de 1933):

"Aunque grandes sectores de la nación alemana estaban luchando por la preservación de su raza, nosotros los judíos llenamos las calles de Alemania con nuestros vozarrones. Le suministramos a la prensa los artículos sobres el objeto de su Navidad y Pascua y administramos sus creencias religiosas de la manera que nosotros consideramos conveniente. Ridiculizamos los más altos ideales de la nación alemana y profanamos materias que consideraban sagradas."

El resentimiento y la resistencia comenzaron a crecer contra la horda extranjera y en el año anterior a la llegada al poder de Adolfo Hitler, Bernard Lecache, Presidente de la Liga Judía Mundial, declaró:

"Alemania es nuestro primer enemigo público. Es nuestro objetivo declarar la guerra sin misericordia contra ella."

El Partido Nacional Socialista de Adolfo Hitler obtuvo 17.300.000 votos en la elección y ganó 288 asientos en el Reichstag. El 30 enero 1933, Hitler fue designado legalmente Canciller del Reich alemán por el Presidente Von Hindenberg. El 24 de Marzo de 1933 el Reichstag decidió por 441 votos contra 94 dar plenos poderes de emergencia al nuevo Canciller del Reich y la corrupta República de Weimar dejó de existir.

En ese mismo día, el 24 de Marzo de 1933, en la página portada del London Daily Express apareció en grandes titulares: "Judea declara la guerra a Alemania: Judíos de todo el mundo se unen", y siguió con:

"El pueblo Israelita de todo el mundo, declaran la guerra económica y financiera a Alemania. La aparición de la Esvástica como símbolo de la nueva Alemania reaviva el viejo símbolo de guerra de los judíos. Catorce millones de judíos están de pie como un solo hombre para declarar la guerra a Alemania. El comerciante mayorista judío deja su negocio, el banquero su banco, el tendero su tienda, el mendigo su choza miserable para combinar sus fuerzas en la guerra santa contra el pueblo de Hitler."

El gobierno alemán estaba sacando a los judíos de posiciones influyentes y transfiriendo el poder a personas alemanas. Esta declaración de guerra de los judíos contra Alemania se repitió a lo largo del mundo. El primer boicot de empresas especulativas judías vino detrás de esta declaración judía de guerra en abril de 1933.

SE EXIGÍA LA DESTRUCCIÓN TOTAL

Vladimir Jabotinsky, fundador del Irgun Zvai Leumi una organización terrorista, escribió en la edición de enero 1934 de Mascha Rjetach:

"Durante meses la lucha contra Alemania es llevada a cabo por cada comunidad judía en cada conferencia, en todos nuestros sindicatos y por cada judío en el mundo. Hay razón para creer que nuestra parte en esta lucha tiene valor general. Comenzaremos una guerra espiritual y material de todo el mundo contra las ambiciones de Alemania de llegar a ser una gran nación una vez más, recuperar territorios y colonias perdidas. Pero nuestro interés judío demanda la destrucción total de Alemania, colectiva e individualmente. La nación alemana es una amenaza para nosotros los judíos."

Emil Ludwig Cohen escribió en su libro La Nueva Santa Alianza, Strasburg, 1938,:

“Aun cuando Hitler en el último momento deseara evitar la guerra que lo podría destruir, a pesar de sus deseos, será obligado a emprender la guerra.”

Bernard Lechache escribió en El Derecho de Vivir (Diciembre de 1938):

“Es nuestra tarea organizar el asedio moral y cultural de Alemania y dispersar esta nación. Depende de nosotros comenzar una guerra implacable.”

El periódico judío Central Blad Voor Israeliten en Holanda imprimió el 13 de Septiembre de 1939:

"Los millones de judíos que viven en Norteamérica, Inglaterra, Francia, Africa del Norte y Sur, sin olvidar Palestina, han decidido continuar la guerra contra Alemania hasta el final. Esta será una guerra de exterminio."

The Toronto Star (26 de Febrero de 1940) imprime una declaración del Rabino Perlberg, Director de la sección británica del Congreso Mundial judío,:

“El Congreso Mundial judío está en estado de guerra contra Alemania durante siete años.”

La revista judía Sentinel de Chicago imprimió en su edición del 8 de octubre de 1940 :

“Cuando los Nacional Socialistas y sus amigos lloran o murmuran que ésto [la guerra] es provocado por los judíos, ellos tienen razón”

Hitler puso ahora en funcionamiento el plan de unir todas las áreas alemanas en un estado y a todos los alemanes bajo un Gobierno alemán. Los alemanes del Rhineland, los alemanes en Austria y los Sudetes alemanes respondieron de buena gana. En enero de 1935 el Valle de Saar votó para volver a Alemania con una 90 por ciento de votación a favor. Había también alemanes en Prusia Oriental y en Danzig ahora dividido por la tierra cedida a Polonia por el Tratado de Versalles. Es interesante hacer notar que entre 1933 y 1937, 10,000 judíos emigraron a la Alemania de Hitler, 97 de ellos desde Palestina.

EL ACUERDO DE MUNICH

Un acuerdo se firmó entre Alemania (Hitler) y Gran Bretaña (Neville Chamberlain) el cual hizo pensar en una revisión pacífica de los errores cometidos por el Tratado de Versalles. Una conferencia de cuatro poderes fue sugerida para conservar la paz. Los cuatro poderes eran Gran Bretaña, Alemania, Francia e Italia.

El documento "Verdad" del 5 de enero de 1952 declaró que el Sr. Oswald Pirow, Ministro de Defensa de Sudáfrica, fue enviado en una misión a Alemania en 1938 por General Smuts para aliviar la tensión en el asunto judío. El primer ministro británico le dijo a Pirow que la presión del Judaísmo Internacional era uno de los principales obstáculos a un acuerdo anglo-alemán y que le ayudaría en gran forma a resistir esa presión si Hitler pudiera ser
convencido de moderar su política hacia los judíos alemanes. Pirow declaró que Hitler
estuvo de acuerdo con esa idea y un acuerdo anglo-alemán estaba en la vista; el efecto
habría sido, en caso de guerra, limitar el conflicto entre Alemania y Rusia, con los otros grandes poderes que intervendrían para reforzar sus propias condiciones cuando los combatientes estuvieran exhaustos.

Sin embargo, el Pacto de las Cuatro Naciones no pudo ser. Los judíos acabaron con este, el 7 de noviembre de 1938, unas semanas después del Acuerdo de Munich y poco antes de un viaje a París del Ministro alemán de Asuntos exteriores, Von Ribbentrop, el judío polaco, Herschel Feibel Grynszpan asesinó al Tercer Ministro de Relaciones Exteriores alemán, Ernst von Rath, en la Embajada alemana en París. Las cinco balas disparadas fueron el resultado lógico de la declaración de guerra de los judíos contra Alemania en marzo de 1933 y acabaron con el esfuerzo de explicar y divulgar la importancia del Acuerdo de Munich y la revisión del Tratado de Versalles.
Este asesinato provocó alborotos anti-judíos en Alemania, con la quema de sinagogas y el saqueo y quema posterior de tiendas judías. Los alborotos anti-judíos inflamaron la opinión pública en Gran Bretaña y en EE.UU. contra los esfuerzos de Chamberlain de reducir la tensión anglo-alemana. En Estados Unidos alemanes fueron asaltados y perseguidos. Los judíos empezaron a dejar Alemania.

La revista de París L'Ami du Peuple escribió sobre ellos:

“Estas personas huyeron de Alemania porque intentaban erigir un imperio de fuego y sangre y para soltar los horrores de una guerra civil y el caos universal.”

El Ministro de Relaciones Exteriores norteamericano, James Forrestal que después moriría en misteriosas circunstancias escribió en su “Diario de Forestal” (Cassel y Cía., Londres 1952):

"He jugado golf con Joe Kennedy [Embajador norteamericano en Bretaña, padre del Presidente John Kennedy]. Chamberlain declaró que el Zionismo y el mundo judío ha obligado a Inglaterra a que entre en la guerra."

El judío, Schlomo Asch, en una charla con tropas francesas en la línea de Le Nouvelles Litteraires (10 de febrero de 1940) escribió:

“Ésta es nuestra guerra y ustedes están luchándola para nosotros. Aun cuando nosotros los judíos no estamos presentes en las trincheras, estamos no obstante, moralmente con ustedes.”

El 8 octubre de 1942 la revista judía Sentinel declara inequívocamente:

“La Segunda Guerra Mundial se lleva a cabo por la defensa y los principios del Judaísmo.”

EL BOMBARDEO TERRORÍFICO

El primer ministro Camberlain tenía la convicción que:

"El Gobierno británico nunca acudiría al ataque deliberado sobre mujeres, niños y otros civiles con el mero propósito de aterrorizar"

Sin embargo, su sucesor, Winston Churchill nombró como su consejero personal al Profesor judío Lindemann. Lindemann, más tarde Lord Cherwell, sugirió que el bombardeo de ciudades alemanas y áreas civiles de clase obrera, eran blancos legítimos, y desde entonces en adelante los últimos vestigios de decencia civilizada en la guerra fueron abandonados. Estos bombardeos empezaron 10 de agosto de 1940 con el bombardeo del pequeño pueblo abierto de Freiburg en la frontera Suiza. Fueron muertos cincuenta y tres
civiles, incluyendo a veinte niños que juegan en un parque. Fue informado por el Sr.
Taylor de la Cruz Roja norteamericana en el New York Times del 3 de mayo de 1940. Esto sucedió antes que los alemanes comenzaran bombardeando las ciudades británicas. El Sr. J. M. Speight, CBE, primer secretario del Ministro Aéreo, escribió en su libro "La Espléndida Decisión:

"Adolfo Hitler sólo emprendió renuentemente el bombardeo de blancos civiles británicos después que la RAF había comenzado a bombardear blancos civiles alemanes..... Coventry, Birmingham, Sheffield y Southampton les dio derecho para mirar Kiev, Kharkov, Stalingrad y Sebastopol en la cara. Nuestros aliados soviéticos habrían sido menos críticos de nuestra inactividad si ellos hubiesen entendido lo que nosotros habíamos hecho... Hitler habría estado deseoso en mi momento de detener la matanza. Hitler estaba genuinamente ansioso por alcanzar con Bretaña un acuerdo que confina la acción de los aviones solo a los campos de batalla."

LA VENGANZA

En 1941, mucho antes de cualquier reunificación de los judíos para los supuestos campos de exterminio, un judío, Theodor N. Kaufman, escribió: Alemania Debe Perecer. Kaufman diseñó un plan para la destrucción total de la población alemana por un método muy simple: la esterilización masiva de todos los hombres y mujeres alemanes entre la edad de la pubertad y sesenta años. Él describió el diseño de la organización para hacer esto. Este libro fue la base del Plan Morgenthau para la destrucción total de la industria alemana y la esclavitud de la raza alemana. Naturalmente estas intenciones del enemigo de Alemania cayeron en las manos del ministro de propaganda alemán, Goebbels, y endureció la resistencia de la nación alemana para evitar la derrota. El Plan Morgenthau formó la base de discusiones entre el Presidente Roosevelt y el líder soviético Stalin que actuaba a través de su funcionario de enlace, el judío soviético Zabrousky, y también formaron la base del Acuerdo de Yalta.

9/12/2003

La Prensa Herética
PO Box 1004,
Pele, Yorkshire
HU3 2YT, Inglaterra.

Original en:
www.rense.com

Traducción:
Animalweb.cl


miércoles, 1 de octubre de 2008

25,000 muertos en el bombardeo inecesario a Dresden en la 2a guerra Mundial. Esto es crimen de guerra sobre la persona de Churchil, Harris y Roosevelt

¿ Y que 25,000 muertos no cuenta como genocidio y crímen de guerra ? Más aun cuando se considera que Dresden no tenia ningun interes militar y que solo era parte de la campaña de terror y odio aliado de Churchill, Harris "Bomber" y Roosevelt ?
Para que vean los piadosillos esos cursis del Holocausto que alemanes masacrados hubo muchos también y quien quiera que investigue los campos de prisioneros y refugiados o cuasi esclavos muertos de hambre en la posguerra, Y ya ni hablemso de lo que las potencias coloniales hicieron en Africa, Europa y Asia. Esa inequidad en el trato a los genocidios, privilegiando a uno pro enccima de todos es algo que enferma y revienta pues afirma que aun entre muertos por genocidios los hay mas importantes y relevantes que otros.

Firebombing killed 25,000 in Dresden in 1945: German commission

Findings rebut neo-Nazi claims that as many as a million died in Allied attacks
Last Updated: Wednesday, October 1, 2008 | 3:20 PM ET Recommend16
The Associated Press
Dresden was left largely in rubble after the allied air raids on Feb. 13 and 14, 1945. Dresden was left largely in rubble after the allied air raids on Feb. 13 and 14, 1945. (Associated Press)

A special commission in Germany says the Allied firebombing of Dresden in 1945 killed no more than 25,000 people — far fewer than scholars' previous estimates running as high as 135,000.

The team of a dozen experts, including university professors, archivists and military historians, reported Wednesday that four years of research so far has confirmed 18,000 deaths and showed that police and city administrators at the time believed there were about 25,000 victims.

Since the end of the Second World War, scholars have varied in their tally of people killed by waves of British and U.S. bombers on Feb. 13 and 14, 1945, with some estimates running to 135,000 or more.

Recently, neo-Nazis in Germany have offered a sharply inflated figure of 500,000 to one million victims, calling the raid a "bombing Holocaust" and comparing it to Adolf Hitler's murder of six million Jews.

But when a far-right party won seats in Saxony's parliament in 2004 and began promoting such claims, state officials decided a commission was needed to put the matter to rest.