Virtudes Prusianas

VIRTUDES PRUSIANAS (Brandenburgo-Prusia, Alemania):
Perfecta organización * Sacrificio * Imperio de la ley * Obediencia a la autoridad * Militarismo * Fiabilidad * Tolerancia religiosa * Sobriedad * Frugalidad * Pragmatismo * Puntualidad * Modestia * Diligencia

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jueves, 6 de noviembre de 2008

MÈXICO: Mouriño: ¿otra víctima de Fecal?

Por: Edgar González Ruiz

Sigue la serie sangrienta que caracteriza al gobierno encabezado por Felipe Calderón, Fecal, como era de esperarse dada la índole tramposa y sanguinaria de ese personaje.

Luego de la masacre del 15 de septiembre en Morelia, que el gobierno Fecal quiso convertir en pretexto para una mayor militarización del país, hoy 4 de noviembre, muere en un misterioso accidente en plena avenida Reforma, de la ciudad de México, el secretario de Gobernación del gobierno espurio, Juan Camilo Mouriño Terrazo.
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Nacido en España, vástago de una familia de empresarios tramposos, Mouriño fue amigo y cómplice de Fecal, al grado de que en los círculos cortesanos habían quien lo consideraba posible candidato a la presidencia en 2012.

Mouriño no tuvo escrúpulos para incorporarse como secretario de Gobernación del espurio, cargo en el que demostró ser un inepto, y quizás un lastre cada vez más pesado para el visceral y alcohólico Fecal, además de que las intrigas palaciegas en el gobierno derechista son cada vez más visibles.

Como suele suceder con los crimenes de estado, quizás nunca se llegue a saber qué motivó el pretendido accidente en el que murió tanto Mouriño como otros funcionarios del gobierno ilegítimo, así como personas inocentes cuya única falta fue salir a la calle precisamente en el momento en que el avión misteriosamente se desplomó.

Si la regla del gobierno Fecal es resolver de manera sanguinaria sus conflictos y cambios de humor, episodios como el de Morelia y como el de la muerte de Mouriño se seguirá repitiendo, y los medios oficialistas los justificarán mediante pretextos infantiles desde el "crimen organizado" hasta el haberse subido a un avión que misteriosamente lo llevó a la muerte.

Por eso, cada uno de esos episodios no se podrá aclarar de otra forma, y en cambio continuarán ocurriendo otros similares. El día de mañana, habrá otro crimen de estado, o un "accidente" tan misterioso como el de Mouriño, en el cual, o bien habría que creer en lo altamente improbable y oportuno (pues ya Mouriño le estorbaba a Fecal); o bien, si no se trató de un accidente, Mouriño murió a manos del único que estaba en posibilidades de matarlo, que era Fecal.

Independientemente de eso, la muerte de Mouriño ha sido un pretexto más que el gobierno de Fecal trate, a su conveniencia, de enaltecer su memoria, e incluso, cínicamente, de victimizarlo.

Si Mouriño fue víctima, lo fue quizás de Fecal y en todo caso de su propia ambición, que lo llevó al peligroso juego de ponerse al servicio de un político criminal.

Desde luego no es ético celebrar la muerte de nadie, pero en el plano político y cívico, Mouriño y demás complices del gobierno espurio no son mejores por el hecho de haber muerto.

Ahora proliferan las actitudes plañideras de "solidarizarse" con los parientes de Mouriño y demás compinches de Fecal; no cabe ninguna solidaridad con ellos en tanto fueron funcionarios de un gobierno espurio, que violó la voluntad popular.

Desde luego, sus parientes y amigos lamentarán su muerte, pero mucho más lo es la de cualquiera de las personas inocentes que tuvieron que morir por haberse topado en la calle de Reforma con el avión de Mouriño.

Esas personas sí fueron realmente inocentes, pues sin haber tenido que ver con el fraude, ni con la corte de Fecal tuvieron que morir esa tarde.

No es cierto, como dice ahora el coro de medios oficialistas, que Mouriño haya sido un "destacado", "experimentado" o "valioso" funcionario; fue simplemente un derechista tramposo, ambicioso, sin escrúpulos, cuyo estilo personal correspondía al modelo del "éxito" capitalista.

Su muerte no borra sus negocios turbios ni los de su padre, que se han estado ventilando en la opinión pública; la gestión de Mouriño no le dejó nada bueno a México, pero su muerte debería servir como metáfora de lo efímero que es el poder.

martes, 9 de septiembre de 2008

En editorial de El Universal dicen que uno importante del PAN comentó que Calderon es un "sin mecha"

¿ Sin mecha ? A tal afirmacion yo preguntaria ¿ Con albur o sin albur ?

Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
http://www.eluniversal.com.mx/columnas/73661.html
09 de septiembre de 2008


El Presidente está enojado


Sin asesores que lo ayuden a mantener fría la cabeza y a tomar decisiones ecuánimes, más bien rodeado de un grupo de amigos, Calderón está teniendo arranques que lo alejan de su discurso conciliador y democrático




“N’hombre, éste no es de mecha corta, no tiene mecha”, dijo un día un panista encumbrado acerca de Felipe Calderón cuando éste asumió la Presidencia. Y el carácter irritable e impulsivo del Presidente está saliendo a relucir en momentos en que enfrenta la que hasta ahora es la etapa más conflictiva de sus dos años de gobierno.

Sin asesores que lo ayuden a mantener fría la cabeza y a tomar decisiones ecuánimes, y más bien rodeado de un grupo de amigos que le dicen lo que quier oír y le calientan el ánimo, Calderón está teniendo arranques que lo alejan de su discurso conciliador y democrático y colocan sus intenciones y decisiones más cercanas al presidencialismo autócrata.

El problema para el Presidente es que, aunque tiene aún poder suficiente para dar manotazos y pedir que rueden cabezas, por ejemplo en los medios, esa práctica hoy día tendría un altísimo costo político y le abriría un delicado y explosivo frente en momentos en que ya tiene abiertos flancos como el de la inseguridad, el combate al narcotráfico y la crisis económica que amenaza con volverse recesión en los próximos meses.


¿Tiene entonces algún sentido que colaboradores suyos, de los más cercanos, le estén llevando expedientes, con todo y textos subrayados, para convencerlo de que su problema son los medios y ponerlo a pelear contra periodistas y directivos?


Para empezar, no se entiende cómo secretarios del gabinete que se supone están metidos de lleno en el tema de la inseguridad o colaboradores de Los Pinos crean torpemente que su papel es acusando a directores de medios o pidiendo su cabeza, como si con eso ayudaran en algo al Presidente para enfrentar las crisis que, en distintos ámbitos, enfrenta en estos momentos el país.


Calderón ha tenido en las últimas semanas desplantes y actitudes públicas y privadas que muestran variaciones en su ánimo. De pronto, en un mismo evento, como el que tuvo con directivos y empleados de la transnacional Wal-Mart el jueves pasado, se le ve eufórico y excesivamente optimista, pero al mismo tiempo que cuenta anécdotas familiares, aprovecha para enderezar un duro discurso a los críticos de su gobierno, y mete en el mismo paquete a medios críticos que, acusa, tratan de “eliminar todo resquicio de esperanza de los mexicanos”; a sus detractores políticos “que auguran catástrofes”, y a “un puñado de delincuentes (que) no es significativo para decidir el futuro del país”.


Así, Calderón ubica, en su óptica obnubilada, igual a medios y periodistas críticos que a enemigos políticos que han hablado irresponsablemente de derrocarlo o a los delincuentes que desafían al Estado mexicano y a su gobierno.


Confundir tres cosas tan claramente distintas, grupos que persiguen objetivos completamente opuestos, sólo habla de un Presidente enojado, confundido y que en la ira que —por sí mismo o por obra de sus colaboradores— experimenta, no distingue diferencias de fondo y señala públicamente, y con un mismo rasero, a periodistas que ejercen su labor de informar y su derecho a la crítica y a delincuentes organizados que desestabilizan con violencia o a locuaces y deslenguados conspiradores contra su gobierno.


Decía Plutarco (50 AC) que es la crítica y no la alabanza lo que aleja del error al gobernante. Confundir la crítica con un crimen o con ánimos desestabilizadores sólo habla de la pequeñez política de quienes aconsejan al Presidente. Le hacen más daño a él y al país colaboradores ineptos, aduladores e irresponsables, que la crítica más mordaz que se le pueda hacer desde cualquier medio.


¿Tendrá Calderón en su círculo alguien que lo contradiga, que le muestre un ángulo distinto al que él ve de los problemas del país? ¿Alguien que no sólo lo adule y le diga lo que quiere oír, sino que lo ayude a equilibrar su visión y sus acciones?


Convendría que el Presidente se serenara. Que entendiera que no todos los amigos son capaces de decir la verdad al gobernante y que a veces para llegar a la verdad hay que escuchar tanto lo que dicen los amigos como los enemigos. Un par de frases escritas por José Martí a propósito de los gobernantes ayudaría a serenar los ánimos en la casa presidencial: “La vanidad tiene el hígado sensible; tiene artes increíbles la lisonja. El que le adula, le sujeta… Sólo resisten el vaho venenoso del poder las cabezas fuertes”.