Virtudes Prusianas

VIRTUDES PRUSIANAS (Brandenburgo-Prusia, Alemania):
Perfecta organización * Sacrificio * Imperio de la ley * Obediencia a la autoridad * Militarismo * Fiabilidad * Tolerancia religiosa * Sobriedad * Frugalidad * Pragmatismo * Puntualidad * Modestia * Diligencia

jueves, 31 de diciembre de 2009

En México defender el medio ambiente, la vida e suna amenaza contra la vida... propia.


Sólo este año asesinaron a cinco que luchaban contra la devastación de bosques

Muerte y persecución enfrentan activistas ambientales en el país
Concentrada en el cambio climático, la política ecológica nacional soslaya esta problemática


Angélica Enciso L. /I

Periódico La Jornada
Jueves 31 de diciembre de 2009, p. 25

Defensores del medio ambiente y de sus comunidades que participan activamente para impedir la devastación de bosques o se manifiestan contra proyectos que dañan su hábitat, en algunos casos han encontrado la muerte. Sólo en este año asesinaron a cinco activistas y algunos otros fueron heridos en atentados.

Mientras esto ocurre, la política ecológica del país está concentrada en el cambio climático, como queda de manifiesto en los mensajes del titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Juan Elvira Quesada. En agosto, el funcionario reconoció que ha sido objeto de presiones de legisladores, inversionistas, gobernadores y alcaldes para la autorización de proyectos.

Incluso, Raziel Villegas, director de Impacto Ambiental y Zona Federal de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), recibió en su teléfono una amenaza de muerte mientras participaba en operativos de clausura de hoteles en Cancún. Esto revela que la defensa de los recursos naturales se ha convertido en una actividad de riesgo.

La víctima más reciente es Mariano Abarca, ambientalista y activista por los derechos humanos, quien el pasado 27 de noviembre fue asesinado por dos individuos afuera de su domicilio; recibió tres impactos de bala en el cuello y en el pecho. Abarca fue integrante de la organización Dos Valles Valientes, opositora a la minera canadiense Blackfire Exploration, que explota el mineral barita en el municipio de Chicomuselo, Chiapas, e integraba la Red Mexicana de Afectados por la Minería.

El Centro Fray Bartolomé de las Casas sostuvo que a pesar de las amenazas de muerte que funcionarios de la empresa habrían hecho a Abarca, las cuales fueron denunciadas públicamente por el luchador social, las autoridades de procuración de justicia no le brindaron la seguridad necesaria. Asimismo, demandó garantizar la integridad de los familiares del activista y de los miembros de la asociación civil a la que pertenecía.

En tanto, Miguel Ángel Pérez, comunero de Tepoztlán que pertenecía al Consejo de Pueblos de Morelos –trabajaba en defensa del agua y la tierra–, fue ultimado el 31 de octubre. Ese día fue citado –se desconoce por quién– a las 11 de la mañana en un sitio cercano a Ahuatepec, para realizar un presupuesto de herrería, misma que trabajaba en su domicilio ubicado en la colonia Tetecolala, colindante con Civac, en los límites entre los municipios de Jiutepec y Tepoztlán.

De acuerdo con el consejo, esto ocurrió antes del Encuentro Indígena realizado en la comunidad de Coajomulco, donde a partir de las 16 horas recibirían a la delegación del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de Atenco; Miguel Ángel ya no llegó a la reunión. Su familia lo buscó todo el sábado; tuvieron noticias de él hasta el día siguiente, cuando personal de la Funeraria Morelos fue a su domicilio y pidió a la esposa del activista que se trasladara al Semefo de Cuernavaca para identificar el cuerpo.

El 16 de septiembre, el campesino Felipe Arreaga, ecologista y defensor de los bosques en la sierra de Petatlán, Guerrero, murió al ser embestido por una unidad del servicio público de esa localidad. El campesino había ido a cargar gasolina a su cuatrimoto y viajaba al Zapotillal para plantar árboles frutales. Circulaba sobre la carretera Acapulco-Zihuatanejo. Defensores de derechos humanos exigieron que se investiguen las circunstancias de su muerte.

En 2004 Arreaga fue encarcelado por el presunto homicidio de Abel Bautista, pero fue liberado 10 meses después, porque no se le probó nada. Mientras estuvo en prisión recibió el premio Chico Méndez, otorgado por la organización estadunidense Sierra Club, en reconocimiento a su defensa de los bosques. Fue declarado preso de conciencia por Amnistía Internacional.

También, en Ajuchiotán del Progreso, Guerrero, el pasado 26 de junio fueron asesinados Leonel Castro Santana y su sobrino Ezequiel Castro Pérez, integrantes de la Organización Campesina Ecologista de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán.

El 29 de septiembre, Jesús Sánchez de la Barquera, activista del municipio de Jilotzingo, estado de México, fue víctima de un atentado con arma de fuego afuera de su domicilio, ubicado en el mismo municipio, el cual forma parte de la zona metropolitana de la ciudad de México, la cual es considerada de interés para diversos proyectos inmobiliarios e industriales por su cercanía con regiones como Interlomas o la Zona Esmeralda, según información de la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos.

La ONG explica que Sánchez encabeza acciones en defensa de áreas protegidas y para evitar la explotación de los bosques y la urbanización de la zona ejidal. Varias veces ha denunciado violaciones al derecho de consulta de información, así como un limitado acceso a la justicia y violaciones al debido proceso en diversas demandas presentadas ante autoridades de todos los niveles. Tanto él como su familia han recibido amenazas a fin de que cesen sus actividades.

También en Jilotzingo, en marzo de 2008, el abogado Fernando Mayén Sánchez, quien representaba a 90 ejidatarios en contra de la instalación de un relleno sanitario, fue asesinado después de recibir amenazas para que cesara su intervención en litigios de tierras y de oposición a otros proyectos. Su muerte aún no se ha esclarecido.

En 2006, la empresa Confinam solicitó autorización para instalar en Jilotzingo un relleno sanitario de residuos, para lo cual no se consultó a las comunidades aledañas. A pesar de la inconformidad de los habitantes de dicho poblado, las autoridades concedieron el permiso. Entre las irregularidades denunciadas están que el sitio se encuentra en la poligonal del acuífero Pachuca-Cuautitlán y a metros de uno de los afluentes de la presa Madín, que surte de agua a Atizapán, Naucalpan y Tlalnepantla.

sábado, 26 de diciembre de 2009

La energía eólica en México del panismo y Calderón tan sucia como ellos mismos.

Ni algo positivo como este tipo de energías pueden hacerse bien y honorablemente aquí, pero eso si vemos al infame payaso alardeando a cada rato y posteriormente como le pone todo en inigualable facilidad a las compañias españolas. Generaciones van y vienen y campesinos e indígenas mexicanos siempre abusados y degradados. Nauseabundo.



Un Estados Unidos que será más de nostalgia con lso cambios poblacionales.

Aun yo recuerdo por ejemplo como los viejos programas de TV y peliculas mostraban apellidos anglo sajones, aun en los 80's pero desde los 90's más y más apellidos de orígenes desconocidos y muchso latinos sin duda. Veía un películas de los 40's y 50's y podía uno entender perfectamente lo que era y como estaba conformado Estados Unidos, ahora todo es muy diferente y sinceramente no me agrada, esos masacotes multiraciales sin identidad me parecen bodrios y potencialmente bastante riesgosos.

Así como la ultima película de Clint Eastwood "Gran Torino" se ve, viejos barrios blancos ahora azotados por pandillas de razas negras, latinas y asiaticas, degradando lo que fue el viejo ideal estadounidense blanco, no estoy defendiendo tampoco racismos o segregacionismo. Siento algo de nostalgia y tristeza que esto suceda, asi como en México, aun sin inmigración tenemos un país cada vez menos mexicano, con adolescentes lobotomizadas en chancletas y shortcitos cual bañista en Estados Unidos o comprando en alguna calle californiana; con anuncios de Burger King con una falza figura de autoridad de sargento de reclutas en un modelo importado de EUA regañando a los comensales, en un anuncio que no dice nada y es todo falso en su impacto pretendido y así de modelos de conducta, compras, habitos alimenticios y de consumo y simple trato social tenemos un Mexico cada vez menos mexicano y un Estados Unidos cada vez menos anglo sajón, que abominables timepos son estos. No entiendo como aun alguien puede sentir pena o condenar actitudes nacionalistas, sin que lleven a penas o segregación - pero no es tolerable ver como países y naciones se diluyen, no para mí, un dinosaurio contemporaneo aunque tampoco pienso en un esquema cerrado, simplemente uno que mantenga las identidades de cada nación.



Otro Estados Unidos
En menos de 40 años los blancos serán una minoría más en ese país

David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 26 de diciembre de 2009, p. 28
Nueva York, 22 diciembre. Se les va el país.

En las protestas de fuerzas conservadoras contra las reformas de salud, de migración, de los que denuncian que es “socialista” y el presidente un “musulmán”, la gran queja es que “este país ya no es nuestro”. Tienen razón.

En menos de 40 años y por primera vez desde que casi fueron aniquilados los indígenas, los blancos serán una minoría más en Estados Unidos. El país ya no es –y cada día lo será menos– el que recuerdan con nostalgia los manifestantes conservadores, en su abrumadora mayoría blancos y protestantes.

Las implicaciones políticas de estos cambios demográficos podrían ser dramáticas; de hecho, los políticos evalúan estas transformaciones de manera muy cuidadosa ya que el futuro de muchos de ellos depende de cómo responden a estas bases que cada vez son menos blancas.

El Buró del Censo de Estados Unidos proyecta que si el flujo migratorio continúa constante, los blancos no latinos que ahora constituyen dos tercios de la población se volverán minoría para 2050, y si el flujo migratorio se incrementa, eso podría ocurrir más cercanamente, en 2040.

Hoy día la población total de Estados Unidos es de 308 millones, y se calcula, dependiendo del flujo de migración, que crecerá hasta llegar a entre 423 y 458 millones para 2050, con los inmigrantes representando hasta 136 millones de ese incremento. El grupo minoritario más grande, después del blanco no latino, sería el sector latino.

El Buró del Censo proyectó un incremento sustancial de la población hispana en Estados Unidos con o sin el flujo migratorio –de hecho, se podrá duplicar entre 2000 y 2050. Con un alto ingreso de migrantes, la población latina podría crecer de 16.3 por ciento de la población total en 2010 a 31.3 por ciento para 2050; sin ningún incremento en el flujo migratorio, la población hispana crecería por 6.7 puntos (por su tasa de fertilidad y su juventud relativa a otros grupos).

Aun suponiendo nula inmigración, las minorías serían la mayoría de la población menor a los 5 años de edad (afroestadunidenses, asiáticos y latinos) para 2050; pero con el flujo migratorio esto podría suceder más pronto, como entre 2019 y 2023, según las proyecciones del censo.

Los de 65 años y mayores serán más de uno de cada cinco estadunidenses en 2050. Sin inmigración, la población estadunidense se empezaría a reducir para ese año, y la fuerza laboral se desplomaría en unos 7 millones de personas entre 2015 y 2035. Si perdura el flujo migratorio, la fuerza laboral se incrementará de 31 millones a 64 millones.

“A lo largo de las próximas cuatro décadas se espera que Estados Unidos experimentará crecimiento rápido en su población de edad avanzada y un gran incremento en su diversidad racial y étnica. El ritmo y extensión de estos cambios será determinada en parte por el nivel de migración internacional neta”, señala el Buró del Censo.

Mientras que la población latina continuará, por mucho, como la minoría más grande, la asiática podría incrementar sus números en 79 por ciento entre 2000 y 2050. De hecho, casi todos los grupos raciales se incrementarán en las próximas cuatro décadas con una sola excepción: los blancos no latinos, que probablemente se verán reducidos.

Un análisis realizado por la revista política National Journal sobre los nuevos datos del Buró del Censo detectó que en casi la mitad de los distritos legislativos –o sea los distritos electorales de 205 diputados federales– las minorías ahora constituyen por lo menos 30 por ciento de la población. Eso es casi el doble de lo que existía en los 90. “Esta diversidad, extensiva literalmente, está cambiando la cara de la Cámara de Representantes, abriendo nuevas grietas tanto entre como dentro de los partidos, y agregando curvas a sus competencias legislativas y políticas”, indica la publicación.

La revista cita al experto sobre tendencias electorales Simon Rosenberg, presidente de la organización demócrata NDN, quien afirma que “estamos entrando en una nueva era definida en gran medida por la explosión increíble del electorado no blanco y su distribución alrededor del país. El crecimiento de esa población no blanca esté creando una (dinámica) política fundamentalmente nueva en Estados Unidos”.

El crecimiento no blanco de la población cambia el panorama político nacional. En 1980 la población no blanca –latinos, afroestadunidenses y asiáticos, principalmente– conformaban 20 por ciento de la población; para 2000 ya eran 31 por ciento, y en 2008 llegaban a 34 por ciento, según cifras del Buró del Censo.

A la vez, la dispersión de la población minoritaria por todo el país, o sea el hecho de que ya no se concentra en los grandes centros urbanos, también es novedoso, sobre todo porque se trata de nuevas tendencias en la distribución geográfica de la migración.

Para algunos analistas, que la migración ahora se expanda a escala nacional podría ser un fenómeno sin precedente aquí.

Tanto para estrategas electorales, políticos y partidos a todos los niveles –local, estatal y federal– estos cambios están cada vez más definiendo su futuro. Pero aún no se sabe si un cambio de color implica un cambio de política –eso está por verse en estas próximas cuatro décadas. Algunos dicen que la elección de Obama ya es una expresión de ese futuro.

Para los blancos asustados por estos cambios y que demandan que “se nos regrese nuestro país”, pues tendrán que buscar asilo en algún museo porque ese lugar que antes era “suyo” está dejando de existir día con día.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Extraño ovni en Rusia

martes, 22 de diciembre de 2009

En México D.F. matrimonio y adopcón gay.


A mi me tendrán que disculpar pero considero que mucha de la población gay, nada que genético ni babosadas así, son gente con problemas de persoanlidad o situaciones de infancia que les ha hehco tomar ese camino, es decir no puedo decir que sea un fenomeno natural, tal vez a tanta sobrepoblación si sea un fenomeno mundial de control natal, pero resulta además de sus gustos variados que desean adoptar niños, es decir desean vivir normal dentro de lo anormal (sin ofensa).

Aunque debo reconocer que ser una pareja heterosexual no garantiza mejor formación ni educaciónd e un hijo y para muestra tenemos la sociedad mexicana, un bodrio y vomito de degradación por falta de valores y formación. Con eso de que cualquiera solo pro la gracia del coito y la copula sin ningún proceso de selectividad y por lo tanto peor-que-animal tiene posibilidad y derecho de engendrar pobres de los que tenemso que soportar a tanto engendro torcido dado a luz y al final de cuentas pobre de tanto engendro concebido sin un minimo de garantia para ser y tener una buena vida en lo mas fundamental que es la saludo mental.

Asi pues mientras no puedo decir que una paternidad gay sea peor que una heterosexual, si considero que siendo en muchos casos su gusto sexual un producto de otros factores y no causa natural estos individuos - al igual que muchos heterosexuales - no debrian ser elegibles a la ligera para adoptar o tener hijos, solo salvo entrenamiento y educación específica, va para todos, gays y heterosexuales, el mundo está cada vez más corrmpido por tanta permisividad imbécil que solo beneficia a los que mueven los cordelitos de las marionetas.

Por una procreación selectiva y enriquecida para una mejora de la sociedad y especie.

Lo que es más que tragi-cómico es ver como Iglesia y partidos como PAN, PRI y PVEM se alarman y alartan y se razgan las vestiduras con eso que ellso son tan ampliamente morales y decentes, asquerosos cirqueros de lo moral. Por otro lado toda la maquinaria gay ha de estar que revienta de gusto y sus vocales, como el que sale en un programilla en 52 MX a las once de la noche  van a estar de pleno orgasmo, ya ven que también el sujeto mantiene una actitud tan "decente y sana" burlandose de todo el mundo según se le antoje o convenga. La moneda está en el aire, en muchos sentidos.


Foto: Carlos Ramos Mamahua : La Jornada.
Luego de conocerse las reformas al Código Civil capitalino, las fracciones de PAN, PRI y PVEM anunciaron que interpondrán una acción de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia. Al mismo tiempo, en el exterior del recinto de Donceles decenas de personas manifestaron su alegría por las medidas adoptadas.


Navidad aumenta depresión: experto

A mi lo que me deprime es que ahora son Felices Fiestas y no Feliz Navidad, maldita sea la conspiración y resentimiento judío de la mano del mercantilismo anglo sajón queriendo quitarle a la Navidad = Natividad = nacimiento de Jesús su sentido real.

Al diablo, el Hannuka judio es solo una celebración que el judaísmo en Estados Unidos se adoptó y potenció para no sentirse desplazados o marginados, pero esta es una fecha de celebración cristiana, no de Fiestas genéricas de cultos, no de judíos, nio de musulmanes, o de asiaticos, ellos tienen las suyas propias y los respeto pero asi entonces no vengan adecirme que tenga "Felices Fiestas" pues yo solo ceelbro la Navidad y el 24/25 es un periodo de celebración no de fiestas si no del natalicio de Jesus y una celebración del hombre o hijo de Dios, no perdamos tiempo en definiciones que compartió una enseñanza que podría hacer al mundo un mejos lugar.

La Nochebuena y el Año nuevo se plantean dentro de un periodo donde lo importante es tener y no ser, según un especialista

NTX
El Universal
Ciudad de México Martes 22 de diciembre de 2009
09:45 El investigador del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) , Blas Jasso Hinojosa, indicó que la Navidad y el Año Nuevo son momentos donde hay más probabilidades de estados depresivos, por lo que hay que prevenirlos.
El también secretario científico de la Federación Nacional de Psicólogos de México dijo que en esas fechas hay expectativas muy elevadas enfocadas a tener cosas materiales.

"Desafortunadamente, en la cultura occidental primero hay que tener para ser, al contrario de las culturas orientales que enseñan a la gente a ser para tener", dijo.

Comentó que ambas festividades se plantean dentro de un periodo donde lo importante es tener y no ser, "y esto puede ocasionar un desequilibrio emocional en las personas".

El profesor de la UdeG manifestó que los seres humanos "tenemos un yo ideal y uno real, el primero a veces fija expectativas de vida muy elevadas y considera que su ambiente debe tener ciertas características muy específicas".

"Cuando el yo ideal tiene ciertas esperanzas y la realidad no concretiza sus anhelos, entonces mucha gente cae en estados depresivos", puntualizó.

Explicó que todos pueden ser susceptibles en caer en un estado de depresión, "es parte de la vida, lo importante es saber afrontarlo, para que un estado leve de depresión no llegue a mayores, la gente debe preocuparse por comer bien, una dieta rica en frutas, legumbres, vitamina D y B para que el organismo se estabilice".

Mencionó que el contacto con la naturaleza, dormir bien para que el organismo se fortalezca, estar al lado de los seres queridos y tener buenas relaciones sociales, son otras armas que ayudan a atacar la depresión.

Dijo que la depresión es multicausal y es producida por factores psicológicos, orgánicos y ambientales, 'cuando algunos de éstos se desequilibran o están encontrados entre sí aparece una depresión, la depresión se manifiesta cuando la gente no tiene recursos para resolver un problema o enfrentar un obstáculo por sí mismo'.

Destacó que hay ocasiones que la depresión se confunde con la tristeza, ya que alguien puede pasar por un estado de melancolía sin estar deprimido, 'la depresión puede traer consecuencias de tipo orgánico muy severas'.

'Conflictos en las relaciones sociales, familiares, aislamiento, desgano al comer, pérdida de sueño y disminución en la frecuencia de las relaciones sexuales son síntomas de depresión, y la persona empieza a tener poco cuidado en su persona', apuntó.


Ejecutan a madre del marino que enfrentó al Jefe de jefes (Beltrán Leyva)

Vendetta narco-mexicana... nauseabundo pero es la realidad, si tan solo confiara en este gobierno yo mismo me enlistaria para combatir a esos vomitos sociales.


Un comando asesinó esta madrugada a cuatro familiares del Tercer Maestre de Fuerzas Especiales, Melquisedec Angulo Córdova, quien falleciera durante el enfrentamiento donde fue acribillado Arturo Beltrán 07:50 http://www.eluniversal.com.mx/notas/647386.html

 El hehco es, mientras no persigan al adicto seguira habiendo muchos Beltranes Leyva dispuestos a todo por hacerse de "fama", "dinero", "poder", elixires máximos para individuos trastornados de esos que abundan en una sociedad enferma... como la nuestra

jueves, 17 de diciembre de 2009

Beltran Leyva el gran enemigo de “El Chapo” está muerto.

Este gobierno se jacta de sus "logros" combatiendo al narco, ha apresado y matado a muchos y solo uno anda por ahi sin mayor problema, ayer en la noche ese que anda libre tiene ya un competidor menos en la "industria" gracias a que el gobierno de México y fuerzas federales con dinero del contribuyente le dió muerte, ¿ Para dejar un camino más libre a aquel que anda libre y del que ni quien se ocupa en reapresarlo pueda trabajar tranquilamente ? Mi parecer es que si, que casualidad.

No defendemos narcos, atacamos "luchas y guerras" amañadas y viciadas con recursos de la nación para beneficio de unos pocos tranzas en el gobierno.

Así Beltran Leyva el Jefe de Jefes fue muerto anoche en lo que Calderón pretenderá mostrar como un gran logro y muestra de su campaña violenta y con esto digan a adiós a reparar violaciones a derechos humanos, la mediocridad se engrandece a sí misma y en su brutalidad siempre está dispuesta  a sacrificar lo que sea en aras de sus objetivos. Por último señalar como a Leyva y sus complices ni escapularios ni babosadas de amuletos, chinos, santeros o taradeces de esas estilo Santa Muerte le salvaron.

¿ ACASO NO CREEN QUE ESTE NARCOTRAFICANTE Y SU PERSONAL ERAN MAS CONVENIENTES "MUERTOS" QUE VIVOS ?

MÁS AUN ¿ACASO CREEN QUE CON ESTO DISMINUIRA LA VIOLENCIA, EL NARCOTRÁFICO O LA ADICCIÓN? Al contrario, la violencia subirá más aun pues hay muchas plazas por repartirse, y el tráfico y adicción inician en las casas y modos de vida o realidades sociales de la gente y sus miserias humanas. NO vemos por lo tanto logro alguno con lo de anoche, como algunos animales, la bestia del narco se regenera y se nutre de lo que haya.

Redacción
El Universal
Jueves 17 de diciembre de 2009
politica@eluniversal.com.mx

Arturo Beltrán Leyva nació en la cuna de varios capos del narcotráfico: Badiraguato, Sinaloa. Y murió como vivió: inmerso en la violencia.

Ex aliado de Joaquín El Chapo Guzmán Loera y de Ismael El Mayo Zambada, conformó un cártel luego de la captura de su hermano Alfredo El Mochomo Beltrán Leyva, en Culiacán en enero de 2008. En el mundo del crimen organizado integró uno de los grupos de sicarios más violentos, encabezados por Édgar Valdez Villarreal, La Barbie.

Arturo Beltrán Leyva, a quien sus sobrenombres lo definían: La Muerte, El Barbas, El jefe de jefes o El botas blancas aparecía en las listas de los narcotraficantes más buscados en el mundo, por su poder e influencia que abarcaban desde Colombia hasta EU.

Durante su carrera criminal lo mismo compró a funcionarios asignados a capturarlo, que ejecutó a varios de los que se interpusieron en sus operaciones.

Logró sobornar desde militares hasta los principales jefes antidrogas de la PGR y de la SSP, incluido, presuntamente, el ex subprocurador Noé Ramírez Mandujano.

A él se le atribuyó también el asesinato, dentro de su domicilio, de otro de los principales jefes policiacos de la SSP, Édgar Millán Gómez.

Tras su rompimiento con El Chapo, el año pasado, fuentes de inteligencia señalaron que Beltrán Leyva formó una alianza con el brazo armado del cártel del Golfo, Los Zetas, para disputar el control del trasiego de drogas a La Federación, integrada por Guzmán Loera e Ismael Zambada, lo que originó una escalada de violencia en varias entidades.

En los últimos dos meses desató una cacería de rivales que se caracterizó por una crueldad extrema; al menos se registró una docena de casos de personas decapitadas y desmembradas con leyendas intimidatorias firmadas por El jefe de jefes.

martes, 15 de diciembre de 2009

Sanofi Aventis retira 4 lotes de vacunas defectuosas contra el H1N1

Y eran para niños de 3 años o menos, no los revacunaran pero la vacuna en esos lotes es menso potente de lo que debía ser, es decir le meten porquerias al cuerpo que ni te salvan y a lo mejor hasta te contaminan.

http://www.reuters.com/article/idUSTRE5BE3AA20091215


WASHINGTON (Reuters) - Vaccine maker Sanofi Pasteur is recalling four lots of its pediatric H1N1 swine flu vaccine because it is not as potent as it should be, U.S. officials said on Tuesday.


There is no safety concern, and children vaccinated from the lots already will not need to be re-vaccinated, the U.S. Centers for Disease Control and Prevention said.
The affected vaccines are pre-filled syringes for children under 3, the CDC said.

¿Existe la muerte? Una nueva teoría dice que no.


Robert Lanza, MDScientist; autor, "biocentrismo"


Muchos de nosotros tememos a la muerte. Creemos en la muerte porque se nos ha dicho que va a morir. Nos asociamos con el cuerpo, y sabemos que los organismos mueren. Pero una nueva teoría científica sugiere que la muerte no es el caso de la terminal que pensamos.

Uno de los aspectos conocidos de la física cuántica es que algunas observaciones no se pueden predecir absolutamente. En cambio, hay una serie de observaciones posibles, cada uno con una probabilidad diferente. Una explicación general, los "muchos mundos" de interpretación, establece que cada una de estas posibles observaciones corresponde a un universo diferente (el "multiverso"). Una nueva teoría científica - llamado biocentrismo - refina estas ideas. Hay un número infinito de universos, y todo lo que podía suceder se produce en un universo. La muerte no existe en ningún sentido real en estos escenarios. Todos los universos posibles existen simultáneamente, independientemente de lo que ocurre en cualquiera de ellos. Aunque los organismos individuales están destinados a la autodestrucción, el sentimiento vivo - el «¿Quién soy yo?" - Es sólo una fuente de 20-watt de energía que operan en el cerebro. Sin embargo, esta energía no desaparece con la muerte. Uno de los axiomas de la ciencia más seguro es que la energía nunca muere, sino que no puede ni ser creada ni destruida. ¿Pero esto más allá de la energía de un mundo a otro?

Considere la posibilidad de un experimento que fue publicado recientemente en la revista Science muestra que los científicos con carácter retroactivo podría cambiar algo que había sucedido en el pasado. Partículas tenía que decidir cómo comportarse cuando llegan a un divisor de haz. Más tarde, el experimentador puede convertir un segundo activar o desactivar. Resulta que lo que el observador se decidió en ese momento, lo que determina la partícula en el pasado. Independientemente de la opción que usted, el observador, la marca, son ustedes los que experimentarán los resultados que dará lugar. Los vínculos entre estas diversas historias y de los universos más allá de nuestras ideas corrientes clásicas de espacio y tiempo. Piense en el 20-watts de energía, simplemente holo-proyección de esto o que resultan en una pantalla. Ya sea que a su vez el divisor de haz segundo encendido o apagado, que sigue siendo la misma batería o el agente responsable de la proyección.

Según Biocentrismo, espacio y tiempo no son los objetos duros que pensamos. Mueve la mano a través del aire - si se toma todo lo que fuera, lo que queda? Nada. Lo mismo se aplica para el tiempo. Usted no puede ver nada a través del hueso que rodea el cerebro. Todo lo que vemos y experimentamos en este momento es un torbellino de información que tienen lugar en tu mente. Espacio y tiempo son simplemente las herramientas para poner todo junto.

La muerte no existe en un mundo sin tiempo ni espacio. Al final, incluso Einstein admitió: "Ahora Besso" (un viejo amigo) "se ha apartado de este extraño mundo un poco delante de mí. Eso no significa nada. La gente como nosotros ... saben que la distinción entre pasado, presente y el futuro es sólo una ilusión obstinadamente persistente ". La inmortalidad no significa una existencia permanente en el tiempo sin fin, sino más bien reside fuera de tiempo completo.

Esto se hizo evidente con la muerte de mi hermana Cristina. Después de ver su cuerpo en el hospital, me fui a hablar con los miembros de la familia. Esposo de Christine - Ed - comenzó a llorar desconsoladamente. Por unos momentos me sentía como que estaba trascender el provincialismo de tiempo. Pensé en el 20-watts de energía, y sobre los experimentos que muestran una sola partícula puede pasar a través de dos orificios, al mismo tiempo. Yo no podía descartar la conclusión: Christine era a la vez vivo y muerto, fuera del tiempo.

Christine había tenido una vida dura. Por fin había encontrado a un hombre que amaba mucho. Mi hermana menor no pudo llegar a su boda porque tenía un juego de cartas que se había programado durante varias semanas. Mi madre no podía hacer la boda debido a un importante compromiso que tenía en el Elks Club. La boda fue uno de los días más importantes en la vida de Christine. Ya que nadie de nuestro lado de la familia mostró, Christine me pidió que caminar hacia el altar para darle de distancia.

Poco después de la boda, Christine y Ed se dirigían a la casa de sus sueños que acababa de comprar cuando su auto chocó contra un trozo de hielo negro. Fue expulsado del auto y cayó en un banco de nieve.

"Ed", dijo "no puedo sentir mi pierna".

Nunca supo que su hígado había sido arrancado por la mitad y la sangre corría en su peritoneo.

Después de la muerte de su hijo, Emerson escribió: "Nuestra vida no es tanto la amenaza como nuestra percepción. Lamento que pena me puede enseñar nada, ni me llevará un paso más en la naturaleza real".

Ya se trate de presionar el interruptor para el experimento de la ciencia, o girar la rueda motriz muy ligeramente de esta manera o de esa manera en el hielo negro, que es el de 20 vatios de energía que experimentará el resultado. En algunos casos, el coche se desviará del camino, pero en otros casos, el coche seguirá en su camino a casa de sus sueños de mi hermana.

Christine había perdido recientemente 100 libras, y Ed le había comprado un par de aretes de diamantes sorpresa. Va a ser difícil esperar, pero sé que Cristina va a lucir fabulosa en la próxima vez que la veo.

Robert Lanza, MD, es considerado uno de los principales científicos del mundo. Él es el autor de "biocentrismo", un libro que expone su teoría del todo.



Original en inglés:


Does Death Exist? New Theory Says 'No'
Robert Lanza, M.D.Scientist; author, "Biocentrism"





Many of us fear death. We believe in death because we have been told we will die. We associate ourselves with the body, and we know that bodies die. But a new scientific theory suggests that death is not the terminal event we think.


One well-known aspect of quantum physics is that certain observations cannot be predicted absolutely. Instead, there is a range of possible observations each with a different probability. One mainstream explanation, the "many-worlds" interpretation, states that each of these possible observations corresponds to a different universe (the 'multiverse'). A new scientific theory - called biocentrism - refines these ideas. There are an infinite number of universes, and everything that could possibly happen occurs in some universe. Death does not exist in any real sense in these scenarios. All possible universes exist simultaneously, regardless of what happens in any of them. Although individual bodies are destined to self-destruct, the alive feeling - the 'Who am I?'- is just a 20-watt fountain of energy operating in the brain. But this energy doesn't go away at death. One of the surest axioms of science is that energy never dies; it can neither be created nor destroyed. But does this energy transcend from one world to the other?


Consider an experiment that was recently published in the journal Science showing that scientists could retroactively change something that had happened in the past. Particles had to decide how to behave when they hit a beam splitter. Later on, the experimenter could turn a second switch on or off. It turns out that what the observer decided at that point, determined what the particle did in the past. Regardless of the choice you, the observer, make, it is you who will experience the outcomes that will result. The linkages between these various histories and universes transcend our ordinary classical ideas of space and time. Think of the 20-watts of energy as simply holo-projecting either this or that result onto a screen. Whether you turn the second beam splitter on or off, it's still the same battery or agent responsible for the projection.


According to Biocentrism, space and time are not the hard objects we think. Wave your hand through the air - if you take everything away, what's left? Nothing. The same thing applies for time. You can't see anything through the bone that surrounds your brain. Everything you see and experience right now is a whirl of information occurring in your mind. Space and time are simply the tools for putting everything together.


Death does not exist in a timeless, spaceless world. In the end, even Einstein admitted, "Now Besso" (an old friend) "has departed from this strange world a little ahead of me. That means nothing. People like us...know that the distinction between past, present, and future is only a stubbornly persistent illusion." Immortality doesn't mean a perpetual existence in time without end, but rather resides outside of time altogether.


This was clear with the death of my sister Christine. After viewing her body at the hospital, I went out to speak with family members. Christine's husband - Ed - started to sob uncontrollably. For a few moments I felt like I was transcending the provincialism of time. I thought about the 20-watts of energy, and about experiments that show a single particle can pass through two holes at the same time. I could not dismiss the conclusion: Christine was both alive and dead, outside of time.


Christine had had a hard life. She had finally found a man that she loved very much. My younger sister couldn't make it to her wedding because she had a card game that had been scheduled for several weeks. My mother also couldn't make the wedding due to an important engagement she had at the Elks Club. The wedding was one of the most important days in Christine's life. Since no one else from our side of the family showed, Christine asked me to walk her down the aisle to give her away.


Soon after the wedding, Christine and Ed were driving to the dream house they had just bought when their car hit a patch of black ice. She was thrown from the car and landed in a banking of snow.


"Ed," she said "I can't feel my leg."


She never knew that her liver had been ripped in half and blood was rushing into her peritoneum.


After the death of his son, Emerson wrote "Our life is not so much threatened as our perception. I grieve that grief can teach me nothing, nor carry me one step into real nature."


Whether it's flipping the switch for the Science experiment, or turning the driving wheel ever so slightly this way or that way on black-ice, it's the 20-watts of energy that will experience the result. In some cases the car will swerve off the road, but in other cases the car will continue on its way to my sister's dream house.


Christine had recently lost 100 pounds, and Ed had bought her a surprise pair of diamond earrings. It's going to be hard to wait, but I know Christine is going to look fabulous in them the next time I see her.


Robert Lanza, MD is considered one of the leading scientists in the world. He is the author of "Biocentrism," a book that lays out his theory of everything.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Veo esto de Berlusconi y ¡Ah como se pone a imaginar uno cosas conociendo a otros en su misma situacion!



No sé si se acepten candidatos pero tengo unos muy buenos a los que se les podría dar el mismo masaje facial y aun así sería poco. De guerritas a puñetazos, mejor puñetazos.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Sólo 28% de los mexicanos, satisfechos con democracia

Pero ¿ Cual democracia ? si lo que existe es una dictadura de los poderes económicos y autoimposicion via simulacion del aparato político en alianza con el poder económico y la venia del pueblo adormilado y estupidizado con propaganda y anuncios alertando de "peligros" que ni existen.


Un estudio de opinión pública revela que únicamente 28% de los mexicanos está muy satisfecho con la democracia, lo que indica que el apoyo a este régimen disminuyó en el presente año 9 puntos, en comparación con el promedio de respaldo registrado de 1995 a 2008, que fue de 51%

jueves, 10 de diciembre de 2009

México ha caído, el país está perdido.

Interesante artículo que hace eco de lo que hace meses vimos frecuentemente en la prensa de Estados Unidos en el sentido que México esta perdido como país y la verdad creo que sí, habrá que refundarlo.

Traducido por Google de http://www.theatlantic.com/doc/200912/mexico-drugs

En los casi tres años desde que el presidente Felipe Calderón lanzó una guerra contra cárteles de la droga, las ciudades fronterizas en México se han convertido en salas de espejos donde nadie sabe quién está en qué parte o qué comentario casual podría conseguirle asesinado. Unas 14.000 personas han sido asesinadas en ese tiempo-la peor matanza desde la Revolución Mexicana, y parte del país está efectivamente bajo la ley marcial. ¿Es esta la evidencia de un golpe de Estado servil por los militares? Una guerra entre cárteles de la droga? Entre el presidente y su oposición? O sólo daños colaterales de la (apoyado por Estados Unidos) la guerra contra las drogas? Nadie lo sabe: México es que los hechos, como las personas, simplemente desaparecen. Las apuestas para los EE.UU. son altas, especialmente en la perspectiva de un estado fracasado en nuestra frontera sur empieza a parecer demasiado real.

por Philip Caputo

Pobre México. Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.
-Porfirio Díaz, dictador de México desde 1876 hasta 1880 y de 1884 a 1911

Esas famosas palabras vino a la mente cuando otro hombre llamado Díaz me ofreció una observación igualmente concisa acerca de las realidades de la vida en el país hoy: "En México es peligroso decir la verdad. Es incluso peligroso para conocer la verdad ".

Su nombre completo es Fernando Díaz Santana. Se organiza dos AM-noticias de la radio-y-muestra el comentario en la ciudad de Chihuahua pequeño de Nuevo Casas Grandes. Un hombre fornido, de rostro ancho de mediana edad, se proyecta un aire de cordialidad, franqueza e inteligencia. Como me dice que es peligroso hablar ni saber la verdad, el medio triste, medio disculpa expresión de sus ojos deja claro que prefiere no mantener la boca cerrada y su mente cerrada.

Ha recibido mensajes de texto de los oyentes le advirtió que tuviera cuidado con lo que dice en el aire. Él toma en serio estas advertencias amistosas, falta de atención, puede traer una sentencia de muerte como el impuesto a Armando Rodríguez, un periodista de la delincuencia asesinado por un pistolero no identificado en noviembre de 2008 en Juárez, la ciudad fronteriza a través del Río Grande de El Paso , Texas. El temor de sufrir una suerte similar es un poderoso incentivo para la auto-censura, la formación de un espíritu curioso por naturaleza para adquirir la ignorancia.

"Así que ahora nos dan sólo los hechos objetivos", dice Díaz, sentado frente a mí en una habitación tapada, ventanas traseras de la estación de radio, en el distrito central de negocios de Nuevo Casas Grandes. Da Él y el co-presentador de su programa de tarde, David Andrew (se pronuncia veed An-carro-oo), explica que los "hechos objetivos" son los comunicados por la policía o el ayuntamiento o alguna otra fuente oficial. Aunque la exactitud de tales hechos es a menudo cuestionable, no se atreven preguntas que se le pida. "Nosotros le decimos nada más", añade Díaz. "Mientras no nos profundizar demasiado en una historia, estamos seguros".

Me acuerdo de Winnie Verloc, el personaje de Joseph Conrad, El agente secreto que "sentía profundamente que las cosas no están mucho mirando".

Más de 14.000 personas han muerto en los casi tres años desde que el presidente Felipe Calderón movilizó al ejército para luchar contra un medio de México, docenas de carteles de la droga más importantes. Prácticamente ninguno de estos homicidios ha sido resuelto, en parte porque los testigos sufren pérdida de memoria a corto plazo cuando se les pregunta, y en parte porque la policía, por diversas razones, también se sienten profundamente que las cosas no están mucho estudiando.

La muerte de Rodríguez es ilustrativo. Sus colegas creen que fue asesinado por un artículo que escribió que une los familiares de Patricia González, el abogado del estado de Chihuahua en general, para el tráfico de estupefacientes.

Eso no es ociosa la teorización. Jorge Luis Aguirre, un escritor de LaPolaka.com, un servicio de noticias en línea Juárez, ha escrito extensamente acerca de la corrupción en el gobierno del estado de Chihuahua, y no perdonó a González. En la noche del 13 de noviembre de 2008, cuando se dirigía a raíz de Rodríguez, recibió una llamada en su teléfono celular. La persona que llama hombre dijo: "Tú eres el siguiente, el hijo de puta!" Y colgó.

Aguirre inmediatamente las maletas a su esposa e hijos y huyó a El Paso, donde solicitó asilo. En marzo, testificando en una audiencia de los EE.UU. Subcomité Judicial del Senado sobre la delincuencia y las drogas, declaró que había identificado la fuente de las amenazas:

"Víctor Valencia, representante del gobernador del estado de Chihuahua, había enviado para advertir a la gente que me 'bajar el tono de" mis críticas del fiscal, Patricia González, porque si no, él iba a matarme, utilizando método preferido para el cártel de Juárez de secuestro seguido de la ejecución ".

Las consecuencias revela mucho sobre el México de hoy. Patricia González permanece en su puesto. Víctor Valencia ha sido ascendido a jefe de seguridad pública en Juárez. El subprocurador federal encargado del caso de asesinato Rodríguez, Jesús Martín Huerta Yedra, fue muerto a tiros en su automóvil, junto con su secretaria. La investigación ha ido a ninguna parte, para sorpresa de nadie. Como el periódico El Diario en su editorial,


Amigos de la periodista, que prefirió no dar sus nombres por razones de seguridad, mencionó que no se sienten frustrados por la falta de avances en el caso, ya que desde el principio, consideraron que las autoridades no tenían intención de hacer nada para aclarar la delincuencia.

Para aclarar el crimen. De las muchas cosas que México carece en estos días, la claridad es en la parte superior de la lista. Es peligroso saber la verdad. Encontrarla es frustrante. Declaraciones de EE.UU. y funcionarios del gobierno mexicano, repetida por un medio de comunicación que prefiere líneas de la historia simple, han fomentado la impresión en los Estados Unidos que el conflicto en México se encuentra entre los sombreros blancos de Calderón y sombrero negro los sindicatos del crimen. La realidad es mucho más complicado, como lo sugiere este dato: de los 14.000 muertos, menos de 100 han sido soldados. Es de suponer que las bajas del ejército sería mucho mayor si la guerra fuera tan sencillo como a menudo se pretende.

¿Qué, entonces, las cuentas de la matanza, la peor que ha sufrido México desde la revolución, hace un siglo? Para estar seguros, muchos de los muertos han sido los criminales del cártel. Algunos murieron en combates con el ejército, otros en las batallas entre los cárteles por el control de las rutas de contrabando, y otros en las luchas de poder dentro de los cárteles. La cifra incluye más de 1.000 agentes de policía, algunos de los cuales, según informes de la prensa mexicana, fueron ejecutados por soldados por supuestos vínculos con traficantes de drogas. Por el contrario, varios de los soldados caídos podrían haber sido asesinados por policías pluriempleo como sicarios del cartel, a pesar de que no puede ser probado. Mientras tanto, grupos de derechos humanos han acusado a los militares de desencadenamiento de un reinado del terror, la realización de las desapariciones forzadas, detenciones ilegales, actos de tortura y asesinatos, no sólo para luchar contra la delincuencia organizada, sino también para eliminar a los disidentes y otros agitadores políticos. Lo que comenzó como una guerra contra el tráfico de drogas se ha convertido en una guerra civil de baja intensidad, con más de dos partes y no sombreros blancos, sólo sombras de color negro. El ciudadano mexicano común-no sabe quién tiene qué lado, o que está luchando por quién y por qué razón-se refugia en un mundo privado donde se hace voluntariamente ciegos, sordos, y sobre todo, tonto.

Lo que nos lleva de nuevo a Fernando Díaz y su rechazo de la verdad.

He venido a verle a la sugerencia de Emilio Gutiérrez, quien huyó a los EE.UU. porque los oficiales del ejército le amenazó de muerte. Durante una entrevista en su escondite al norte de la frontera, Gutiérrez me habló de un misterioso suceso que tuvo lugar el 12 de febrero de 2008. Equipos de hombres armados, que viajaban en camionetas y camiones de recogida y descrita por los testigos como "vestidos de soldados", arrasó en Nuevo Casas Grandes y seis comunidades vecinas, entre la medianoche y el amanecer, el secuestro y la ejecución de personas.

Los convoyes cubierto 170 millas en total, llegando a los puestos de control militar sin trabas. En Nuevo Casas Grandes, los "comandos armados", como fueron llamados por los medios de comunicación mexicanos, prendieron fuego a la casa de un subcomandante de la policía y le disparó a muerte como él salió corriendo. Otras dos personas, uno de ellos el tío de un traficante de narcóticos de nivel medio, también fueron ejecutados. La prensa informó de que 14 más fueron secuestrados, pero el número real se creía que era mucho más alto. Todas las víctimas, excepto dos, que al parecer fueron secuestrados por error y liberados más tarde, desaparecieron sin dejar rastro.

Gutiérrez, un reportero en la oficina de El Diario Ascensión, cubrió la operación. De lo que había visto con sus propios ojos y de entrevistas con testigos presenciales, llegó a la conclusión de que los autores estaban vestidos como soldados por la sencilla razón de que eran soldados. Una operación de esa escala, razonó, no podría haber sido llevada a cabo por bandas de pistoleros apresuradamente: se requería una planificación minuciosa, la inteligencia precisa, la disciplina y la coordinación. Tampoco podía pistoleros han impulsado a través de retenes del ejército sin ser detenidos. Si el ataque no fue militar, debe haber sido llevado a cabo con la cooperación del ejército.

Eso no fue lo que Gutiérrez informó, sin embargo. Me dijo que su jefe, José Martínez Valdez, el editor de las ediciones de El Diario en el noroeste de Chihuahua, le dio instrucciones de "no causar problemas por escrito que se trataba de militares." Silencio de Gutiérrez no ganó él todos los puntos con el ejército. Cinco meses más tarde, se le advirtió de que el ejército iba a matar a él, y él se vio obligado a abandonar el país.

¿Pero por qué, me preguntó, que los soldados merodean el campo en un asesinato-y-ola de secuestros? Me contestó que el ataque no fue parte de la guerra del gobierno mexicano sobre los cárteles de la droga, sino una lucha entre dos poderosos carteles: la organización de Juárez, encabezado por Vicente Carrillo, y la Federación de Sinaloa, cuyo jefe, Joaquín "El Chapo" Guzmán, es el hombre más buscado en México. Gutiérrez dijo que en este caso los hombres armados, quienes quiera que fuera, había sido cuando la gente pensó que estaban trabajando para el cártel de Juárez.

"Es un secreto a voces en México", dijo, "que el ejército está combatiendo a los [Juárez] cartel para debilitarlos y allanar el camino para Guzmán."

Secreto a voces o no, una acusación de que los soldados pueden haber actuado en nombre de un capo de la droga necesita ser motivada. Después de todo, la lucha contra el narcotráfico de Calderón estrategia se basa, con el apoyo de EE.UU., casi exclusivamente en los militares.

Con una breve lista de contactos proporcionada por Gutiérrez, mi intérprete, Molly Molloy, y entrar a México a través de la frontera con Palomas y el cruce hacia el sur en el desierto de Chihuahua. Acabo de estar en Juárez y siento aliviado de no ser que se remonta a esa ciudad fronteriza industrializados totalmente sin encanto en el mejor de los tiempos, y estos están lejos de sus mejores momentos. Principal producto de Juárez ahora es el cadáver. El año pasado, la violencia del narcotráfico se cobró más de 1.600 vidas, y la cifra de los primeros nueve meses de este año se disparó más allá de 1800, y monta todos los días. Eso hace que Juárez, 1,5 millones de habitantes, la ciudad más violenta del mundo. Dos líneas de graffiti resume un lugar donde no sólo la ley y el orden, sino la propia civilización se ha roto: PIDE Mi ciudad clemencia en su demencia ( "Mi ciudad pide clemencia en su locura"), y Mi ciudad es un negro lamento un aullido infinito ( "Mi ciudad es un negro lamento, un aullido eterno").

Nuevo Casas Grandes se encuentra en una meseta cerca de un valle fértil vaquero y campesinos de los países donde el ganado pasta en los rangos de desierto y los huertos de manzana y de nuez forma filas ordenadas en las afueras de la ciudad. La ciudad en sí, con unas 51.000 personas, se sabe que arqueológicamente mente los turistas por su proximidad a Paquimé, el sitio de las ruinas de pueblo antiguo. Parece próspera por las normas del interior de México, con amplias calles, algunos hoteles y restaurantes decentes, un aeropuerto, y la venta de varios concesionarios de automóviles Ford y los vehículos todo terreno y otras marcas conocidas. Si no fuera por todas las placas de México, me podía creer que estábamos en una ciudad en el suroeste de Estados Unidos.

Nuestra primera llamada en las oficinas de El Diario, ubicado en una villa blancas en la calle principal. Molloy y yo estamos con la esperanza de reunirse con José Martínez Valdez, quien es ex editor de Gutiérrez, y el director de noticias, Valdovinos, Víctor. Ellos pueden responder a algunas de nuestras preguntas y proporcionar las introducciones a los funcionarios de la ciudad. Sin embargo, los repetidos intentos para ver Martínez no tienen éxito-se las arregla para esquivar toda la tarde. Hacemos llegar a un público muy breve con Valdovinos. Cuando le decimos lo que estamos allí para, se estremece y dice, "Usted no quiere hablar conmigo", y luego se desvanece.

Eso deja a Fernando Díaz, a quien encontramos en la estación de radio, mientras él y David Andrew concluir su espectáculo por la tarde. Ellos están dispuestos a hablar con nosotros, y entramos en la habitación de atrás. Andrew, un corpulento, 30-ISH hombre con el carbono denso pelo negro, cierra la puerta, ya sea para amortiguar el ruido del exterior o para asegurarse de que nadie escucha nuestra conversación.

En México los mexicanos tienen para vivir, Díaz comienza, la vida es "muy duro, muy mal", una declaración que pone de relieve con una estadística: el año pasado, 115 homicidios fueron cometidos en Nuevo Casas Grandes y sus alrededores. Que funciona a una tasa de homicidios de más de 20 veces superior a la ciudad de Nueva York.

Es en este momento que hace su comentario acerca de los peligros de hablar o conocer la verdad. Empiezo preguntando sobre el incidente de febrero de 2008, pero Díaz y su colega más joven, no están dispuestos a hablar de ello.

Yo no llegar a ninguna parte, aunque Díaz pone en duda la afirmación de Gutiérrez de que el ataque fue una operación militar. Todo esto habla de abusos de derechos humanos por el ejército es "un mito", insiste Díaz. De hecho, es animado que un batallón del ejército ha estado haciendo rondas para reforzar la seguridad en Nuevo Casas Grandes: "Estamos abandonados y desprotegidos aquí en el noroeste de Chihuahua. Es un deseo muy grande de que los soldados traerán la paz. El ejército es el único grupo que puede confiar. ", Y añade a modo de ilustración de que varios sicarios, asesinos profesionales, como son llamados en México, fueron arrestados y confesaron haber matado a 19 personas en la ciudad.

Dos de los sicarios, Andrew interviene, son sus vecinos: "Uno de ellos trabajaba en un lavadero de autos, el otro era un desertor del ejército." Otros dos resultaron ser los vendedores de auto-"los chicos buenos en el día, los asesinos por la noche, "Díaz dice, como si estuviera expresando más de un remolque para el Dr. Jekyll y Mr. Hyde. "Usted está hablando a mí, un locutor de radio, pero no se puede estar seguro de que no soy un sicario", agrega Díaz. "Dices que eres un periodista estadounidense, pero no sé que usted no es un sicario. No se puede confiar en nadie. "No parece darse cuenta de que contradecía su observación anterior de que sólo el ejército puede confiar.

La pregunta es, ¿puede el ejército de confianza, y en caso afirmativo, ¿puede ganar esta última y más grande batalla en la guerra interminable "de las drogas"? Calderón ha desplegado más de 45.000 soldados (de una fuerza total de 230.000) en todo el país. De esa cifra, unos 7.000, reforzados por 2.300 policías federales, ocupan Juárez, como parte de la Operación Conjunta Chihuahua, la Operación Conjunta Chihuahua. El ejército ha asumido todas las funciones policiales. La ciudad está bajo la ley marcial no declarada.

Aunque a muchos ciudadanos mexicanos que saludar la intervención del ejército, la certeza de que las cosas serían mucho peores sin él, la aprobación ha sido mucho de ser universal. Las denuncias de abusos graves de las fuerzas armadas, detenciones ilegales, desapariciones, robos, violaciones y asesinatos-han aumentado seis veces en los últimos tres años, según Human Rights Watch. Ciento setenta y se han presentado denuncias solamente en Chihuahua, dice Gustavo de la Rosa, el Defensor del Pueblo del Estado de Chihuahua, el ex Nacional de México, Comisión de Derechos Humanos.

Dejando de lado la cuestión de si la militarización de la lucha contra el narcotráfico campaña es la mejor manera de hacer las cosas (una estrategia similar en Colombia ha sido un éxito sólo parcial), el hecho es que, al destruir la confianza pública en las fuerzas armadas, la mala conducta militar socava todo el esfuerzo, como he aprendido de una de 50 años de edad, mujer de limpieza que ahora vive en Arizona y que pidió permanecer en el anonimato. Ella fue a visitar a su tía en Juárez en diciembre pasado, cuando los soldados irrumpieron en la casa de un vecino, alegando que estaban buscando a un sospechoso.

"Ellos no dicen que," la mujer me dijo. "Le arrancaron de su casa aparte, tomó sus joyas y su dinero, y dijo que si ella se quejó de lo que han hecho que iban a volver y matarla. Las personas tienen más miedo de la policía y los soldados que son de los narcos, porque son muy significa-no todos los chicos, pero muchos ".

El temor va más allá de soldados indisciplinados corriendo frenéticamente. En una entrevista, De la Rosa me dijo que el presidente, elegido en 2006 por un margen tan delgado como una tarjeta ATM, gritó el ejército no sólo para luchar contra los cárteles y de eliminar una amenaza a la soberanía nacional, sino para consolidar su poder y conferir la legitimidad de su presidencia. "Calderón quiere mostrar al Congreso que los militares están con él", dijo De la Rosa. "Y el ejército prometió apoyar Calderón a cambio de que se les permite salir de los cuarteles, porque el ejército quiere gobernar. Chihuahua es un experimento. ¿Qué está pasando aquí es, en esencia, un golpe militar, un golpe de estado regional ". Para apoyar esta afirmación, citó un cambio que ha tenido que hacer en su propio trabajo. En circunstancias normales, sería presentar denuncias de abusos con el gobernador del estado, pero ahora, dijo, "el gobernador es ineficaz, así que tengo que ir al General Felipe de Jesús Espitia, el comandante de la 5 º Distrito Militar".

Yo estaba un poco incrédulo de que los militares estaba preparando un golpe de Estado servil. ¿Con qué fin? , Le pregunté.

De la Rosa se encogió de hombros. "En realidad, nadie sabe o entiende lo que el ejército está haciendo," él respondió, un poco de cobertura. Luego, afirmó que el ejército no tiene la intención de acabar con el tráfico de drogas, sino a "control" de ella. "Así que ahora si el cartel de la droga quiere mover la droga en los EE.UU., que iban a ir? Para el gobernador? No, a lo general. "(El Universal, el periódico más grande de México, informó en septiembre que de la Rosa, había recibido amenazas de muerte por el ejército, aparentemente debido a sus fuertes críticas, las fuentes me han dicho que ha tomado refugio temporal en los EE.UU.)

Como de la Rosa, sugirió, hay una triste historia de la colusión entre las fuerzas armadas y la delincuencia organizada. A finales de 1980, el secretario de Defensa de México fue sorprendido vendiendo protección a tres organizaciones de la droga, que le pagó un total de $ 10 millones. En 1997, el jefe de México contra el narcotráfico oficial fue acusado de proporcionar el cártel de Juárez con la droga clasificados de ejecución información a cambio de millones de dólares en sobornos. En un ensayo de 2001 en el Journal of Contemporary Justicia Penal, un criminólogo de la Universidad de Texas, Patrick O'Day, citó varios casos de soldados mexicanos "guardar los envíos de estupefacientes y su transporte a Estados Unidos en vehículos militares o por otros medios. Estas operaciones eran tan amplias y se prolongó por tanto tiempo que O'Day concluyó que el ejército era un cártel en sí mismo.

Pero hagamos el supuesto riesgo de que el ejército de hoy en día ya no está involucrada en el tráfico de drogas. La creencia de que es la explotación de un gobierno débil para imponer los intereses más allá de su misión declarada es generalizada, y no sin razón. Si bien muchos de los crímenes presuntamente cometidos por las fuerzas armadas parecen ser los actos aislados de soldados renegados, otros pueden ser parte de una campaña dirigida a tres posibles objetivos.

Uno de los objetivos es loable-para obtener información sobre el tráfico de drogas. El problema es que las palabras, en el de la Rosa, "el ejército de técnicas de investigación son el secuestro y la tortura". Pero de acuerdo a Cipriana Jurado, un sindicalista veterano y damas activista de derechos, el ejército tiene otro propósito: tratar de sofocar la disidencia, se , dijo, citando a las numerosas detenciones de los agitadores políticos. Y, como el caso de Gutiérrez, indica, los generales también pueden tratar de reprimir a la prensa irresponsable de México.

En la búsqueda, hablando mucho menos, la verdad sobre lo que el ejército está haciendo, a menudo se topa con la paradoja de la realidad mexicana: algo terrible sucede y se trata como si no hubiera ocurrido. Los hechos, como las personas, simplemente desaparecen.

Lo experimento a mí mismo como yo visita de las ruinas de una droga Juárez-centro de rehabilitación con mi amigo Julián Cardona, un fotógrafo y corresponsal de Reuters. La clínica de rehabilitación en dos destartalado edificio en una calle de tierra llena de ceniza chozas de bloque, los coches viejos, y los autobuses de abandono. Un viento golpeó con arena urbana que se siente más sucio que el polvo del desierto pieles de nuestros rostros al entrar en el patio rectangular cubierto de escombros, las paredes excavadas por los agujeros de bala. Habitaciones pequeñas de plomo del patio, cada uno con una frase pintada a mano por encima de su puerta de cocina-Cocina, Sala de Juntas de sala de reuniones, D-Tox, que no precisa traducción.

Entramos en la sala de reuniones. Velas cuneta en frascos de vidrio dispuestas alrededor de una imagen de Jesucristo, apoyada en una esquina. Las paredes están salpicados de agujeros de bala y salpicada de sangre seca. Cardona me dice lo que pasó aquí en una tarde de Miércoles, 13 de agosto 2008, como un pastor de la Asamblea de Dios llamado Socorro García y su diácono, Joel Valle, llevó a cabo un servicio para los pacientes. Después de que ellos y unos 20 adictos se reunieron en la sala de reuniones para cantar himnos y mantener un servicio de oración, García tomó el podio para el llamado altar. "¿Hay alguien aquí que era un cristiano en el pasado", le preguntó, "pero que cayeron en las drogas y que quieren reconciliarse con Dios?" Varios pacientes levantaron la mano. García convocó a ellos.

Afuera, una camioneta Ford llevar a un destacamento de paracaidistas de México se encontraba estacionado en una intersección no más de 50 metros de distancia. Otros dos camiones se detuvo delante del centro de rehabilitación. Ocho hombres armados con fusiles de asalto y pistolas de 9 milímetros y con chalecos antibalas y pasamontañas saltaron de los vehículos y se precipitó en su interior.

El tiroteo comenzó en el patio, al igual que los pacientes se disponía a subir al podio en respuesta al llamado de García. Algunos se arrojaron al piso, otros corrieron por sus vidas o acurrucado contra una pared. García se mantuvo en el podio, gritando: "¡Muchachos! Pídale a Dios otra oportunidad de vivir! "En ese momento, cuatro hombres armados irrumpieron en el interior y, en sus palabras, comenzó a" disparar en todas direcciones ".

García levantó las manos y gritó por encima de los disparos, "Señor, envía sus ángeles para protegernos!" Un hombre armado miró a través de los agujeros para los ojos de su máscara de esquí y miró hacia atrás. Se detuvo a disparar. "Yo estaba ahí en frente de él", dijo García Cardona. "Él ya había disparado a un montón de gente, y una vida más habría significado nada para él, pero él no disparó. ¿Por qué? Tal vez Dios no lo permitió ".

Los vecinos llamaron al Centro de Respuesta de Emergencia, el equivalente de 911, pero no obtuvo respuesta. Las cuentas de las medidas adoptadas por los soldados estacionados en la esquina de la calle son diferentes. Según uno, los soldados estaban pasivamente como los asesinos subieron en sus camiones y huyeron. De acuerdo a otro, pasar por delante del centro de rehabilitación a gran velocidad, mientras que la masacre que estaba ocurriendo. La gente gritaba a su alcance para poner fin a esa situación, pero los soldados siguió su camino. Esto llevó a uno de los vecinos a la conclusión de que "custodiaban a los asesinos o vino con ellos para que la policía no iba a intervenir".

En total, nueve personas murieron y cinco resultaron heridos. Entre los muertos estaba Joel Valle, el diácono. Fue el peor asesinato en masa en Juárez, en el año, Cardona dice que miro las veladoras apagan, las manchas de sangre y agujeros de bala que enmarcan la imagen de Cristo.

Por supuesto, tengo algunas preguntas: ¿Alguno de los asesinos identificados o capturados? No. ¿Fue el motivo determinado? No, aunque hay rumores de que eran después de que miembros de una pandilla callejera, los Aztecas, dijo que se esconde en la instalación. ¿Fueron los soldados implicados en la masacre? Eso es lo que los testigos presenciales afirmó, Cardona respuestas. I aferrarse a los hechos, pero se dan cuenta que es inútil. Cardona dice: "Este es el agujero negro de México. Usted no puede ver dentro de ella, y nada sale. "

A pesar de la presencia militar pesado y la policía, seis clínicas de rehabilitación han sido atacadas en Juárez en los últimos dos años. El peor incidente se produjo el 2 de septiembre, cuando fueron ejecutadas 18 personas. Las autoridades gubernamentales alegaron las matanzas fueron parte de una guerra de exterminio entre los cárteles de Sinaloa y Juárez.

La conducta de los militares mexicanos está en el corazón de la lucha contra el narcotráfico la política de EE.UU.. En el último año, los expertos como el general Barry McCaffrey (el zar de las drogas en la administración Clinton), y figuras políticas han advertido que si los carteles no son contenidas, México podría convertirse en un Estado fallido y los EE.UU. podría encontrarse con un Afganistán o Pakistán en su frontera sur. Estas previsiones son la hipérbole, pero el hecho es que el narcotráfico y la corrupción concomitantes son un cáncer que se ha extendido en el sistema linfático de México. Para ampliar la metáfora, Calderón está tratando de realizar una cirugía radical con el único instrumento a su disposición-el ejército. Puede ser un instrumento contaminado, por lo que el razonamiento, pero es menos contaminados que los organismos policiales.

Washington apoya, de hecho anima, este enfoque a través de la Iniciativa Mérida, un acuerdo de cooperación de seguridad entre los dos países que el Congreso aprobó y George W. Bush firmó la ley. Su objetivo es proporcionar a los $ 1.4 billones en fondos, repartidos en varios años, para la formación de imposición militar y policial, equipos como helicópteros y aviones de vigilancia, y las reformas judiciales. El paquete de ayuda también incluye mejoras en las condiciones de México, menos que envidiable historial en cuestiones de derechos humanos. Quince por ciento de los fondos puede ser rechazada si México no muestra avances en cuestiones como la persecución de los violadores de derechos humanos y prohibir el uso de la tortura para obtener pruebas y testimonios.

Y ahí es donde la política de EE.UU. se convierte en contradictoria. Se aboga por una solución militar al problema de la trata. Pero hay muy pocos, si las hubiere, las garantías civiles en las acciones de los militares mexicanos. A sus soldados sólo están sometidos a la jurisdicción militar, incluso cuando se despliegan en su lucha contra la delincuencia actual de la capacidad, y militar del país, sistema de justicia es, a subestimar las cosas, opaco.

Un buen ejemplo es el caso de Javier Rosales, un técnico médico que murió después de que él y un amigo fueron capturados y torturados por los soldados. Los miembros de su familia se fue a la oficina de justicia estatal y la oficina del fiscal general federal para presentar una queja contra los soldados y la demanda de una investigación. Fueron rechazados porque, dijeron los funcionarios, los cargos de la caída de la mala conducta del ejército en virtud de la jurisdicción militar. Sin embargo, Enrique Torres, vocero de la Operación Conjunta Chihuahua, me dijo que el ejército se ve en esas acusaciones sólo a través de las investigaciones internas o cuando los cargos formales se han presentado por los fiscales estatales o federales. Es pura de captura-22: autoridades estatales o federales no recibirán las denuncias contra los soldados, y el Ejército no investigará si se han presentado cargos por autoridades estatales o federales.

Esa es una de las razones por las que, de los más de 2.000 denuncias presentadas ante el Nacional de México, Comisión de Derechos Humanos, ni uno se ha traducido en el procesamiento de un solo soldado.

Las disposiciones de la Iniciativa Mérida, parece dar a la influencia de EE.UU. considerables en el ejército de obligar a los mexicanos a actuar con más moderación y un mayor respeto de los derechos civiles de los ciudadanos del país. Apalancamiento financiero, lo que es. La autoridad moral de los EE.UU. ha sido erosionado por las acusaciones de que ha empleado la tortura y detenciones ilegales en la "guerra contra el terror", así como por su condición de mercado más grande de los carteles del narcotráfico y sus esfuerzos singular éxito a secar la demanda.

Cada año, en virtud de la Ley de Asistencia Exterior, el Departamento de Estado está obligado a certificar que su vecino del sur está cooperando plenamente en los esfuerzos para detener la exportación de narcóticos ilegales en los Estados Unidos. Sin la certificación, México no serían elegibles para recibir la gran mayoría de la ayuda norteamericana. Pero el gobierno de EE.UU. a menudo sordina a las críticas de México en cuestiones tales como la corrupción y los delitos de derechos humanos, por dos razones. Uno de ellos es la sensibilidad EE.UU. para la élite mexicana, que puede ser de piel fina de lo que se refiere a las infracciones desde el norte de su soberanía nacional. El segundo es el dinero. En el caso muy improbable de que México se retiró la licencia, la corte de ayuda de EE.UU., podría forzar las relaciones bilaterales, los acuerdos comerciales sería en peligro, y los empresarios estadounidenses que les resulta más difícil de operar al sur de la frontera. Además, de todos los países que exportan petróleo a Estados Unidos, México, en 985.000 barriles al día, ocupa el tercer lugar, detrás de Canadá y Arabia Saudita.

Eso hace que decir la verdad sobre México política y económicamente peligrosas en los círculos de EE.UU..

Pero surge una pregunta más amplia. Incluso si mañana el ejército mexicano comenzó a librar su lucha contra el narcotráfico campaña con la probidad de, por ejemplo, la Guardia Suiza, podría superar el poder de los carteles? Los jefes de la droga y sus organizaciones se han integrado en la sociedad mexicana, corrompiendo todos los aspectos de la vida de la nación.

El gobierno de los EE.UU. estima que el cultivo y el tráfico de drogas ilegales, emplea directamente a 450.000 personas en México. Un número desconocido de personas, posiblemente millones, están indirectamente relacionados con la industria farmacéutica, que tiene unos ingresos estimados para ser tan alto como $ 25 mil millones al año, superado sólo por el ingreso anual de México en la fabricación y exportación de petróleo. Dr. Edgardo Buscaglia, profesor de derecho en el Instituto Tecnológico Autónomo de México y un asesor jurídico y económico de alto nivel para las Naciones Unidas y el Banco Mundial, concluyó en un informe reciente que 17 de los 31 estados de México se han convertido en virtual narco-repúblicas, donde el crimen organizado se ha infiltrado en el gobierno, los tribunales y la policía tan extensamente que casi no hay manera de que puedan ser limpiados. Las bandas de narcotraficantes han adquirido una "capacidad militar" que les permita enfrentar al ejército en pie de casi igual.

"Esto en sí mismo no demuestra que estamos en una situación de un Estado fallido de hoy", escribió Buscaglia. Él parecía estar sugiriendo que la situación podría cambiar mañana-y no para mejor.


Philip Caputo es el autor de 14 libros, incluyendo A Rumor de guerra, actos de fe, y más recientemente, que cruzan la, una novela sobre la vida en la frontera mexicana.







In the almost three years since President Felipe Calderón launched a war on drug cartels, border towns in Mexico have turned into halls of mirrors where no one knows who is on which side or what chance remark could get you murdered. Some 14,000 people have been killed in that time—the worst carnage since the Mexican Revolution—and part of the country is effectively under martial law. Is this evidence of a creeping coup by the military? A war between drug cartels? Between the president and his opposition? Or just collateral damage from the (U.S.-supported) war on drugs? Nobody knows: Mexico is where facts, like people, simply disappear. The stakes for the U.S. are high, especially as the prospect of a failed state on our southern border begins to seem all too real.

by Philip Caputo

Poor Mexico. So far from God and so close to the United States.
—Porfirio Díaz, dictator of Mexico from 1876 to 1880 and 1884 to 1911

Those famous words came to mind when another man named Díaz offered me an equally concise observation about the realities of life in the country today: “In Mexico it is dangerous to speak the truth. It is even dangerous to know the truth.”

His full name is Fernando Díaz Santana. He hosts two AM-radio news-and-commentary shows in the small Chihuahuan city of Nuevo Casas Grandes. A stocky, broad-faced man in late middle age, he projects an air of warmth, openness, and intelligence. As he tells me that it’s dangerous to speak or know the truth, the half-rueful, half-apologetic expression in his eyes makes it plain that he’d rather not keep his mouth shut and his mind closed.

He’s received text messages from listeners cautioning him to be careful of what he says on the air. He takes these friendly warnings seriously; failure to heed them could bring a death sentence like the one meted out to Armando Rodríguez, a crime reporter murdered by an unidentified gunman in November 2008 in Juárez, the violent border city across the Rio Grande from El Paso, Texas. The fear of suffering a similar fate is a powerful incentive for self-censorship, for training a naturally inquisitive mind to acquire ignorance.

“So now we give just the objective facts,” Díaz says as he sits facing me in a stuffy, windowless rear room of the radio station, in Nuevo Casas Grandes’s central business district. He and the co-host of his afternoon show, David Andrew (pronounced Da-veed An-dray-oo), explain that the “objective facts” are those reported by the police or city hall or some other official source. Though the accuracy of such facts is often questionable, no questions dare be asked. “We say nothing more,” Díaz adds. “As long as we don’t get too deeply into a story, we are safe.”

I am reminded of Winnie Verloc, the character in Joseph Conrad’s The Secret Agent who “felt profoundly that things do not stand much looking into.”

More than 14,000 people have been killed in the almost three years since President Felipe Calderón mobilized the army to fight Mexico’s half-dozen major drug cartels. Virtually none of those homicides has been solved, partly because witnesses suffer short-term memory loss when questioned, and partly because the police, for various reasons, also feel profoundly that things do not stand much looking into.

Rodríguez’s death is illustrative. His colleagues believe he was killed for an article he wrote linking relatives of Patricia González, the Chihuahuan state attorney general, to narcotics trafficking.

That is not idle theorizing. Jorge Luis Aguirre, a writer for LaPolaka.com, an online Juárez news service, had written extensively about corruption in the Chihuahuan state government, and did not spare González either. On the night of November 13, 2008, as he was driving to Rodríguez’s wake, he got a call on his cell phone. The male caller said, “You’re next, son of a bitch!” and hung up.

Aguirre immediately packed up his wife and sons and fled to El Paso, where he sought asylum. In March, testifying at a hearing of the U.S. Senate Judiciary Subcommittee on Crime and Drugs, he stated that he’d identified the source of the threats:

“Victor Valencia, a representative of the governor of the state of Chihuahua, had sent people to warn me to ‘tone down’ my criticisms of the prosecutor, Patricia González, because if I didn’t, he was going to kill me, using the Juárez cartel’s preferred method of kidnapping followed by execution.”

The aftermath reveals a lot about today’s Mexico. Patricia González remains in her post. Victor Valencia has been promoted to chief of public security in Juárez. The federal deputy attorney general handling the Rodríguez murder case, Jesús Martín Huerta Yedra, was shot to death in his car, along with his secretary. The investigation has since gone nowhere, to no one’s surprise. As the newspaper El Diario editorialized,


Friends of the journalist, who preferred not to give their names for security reasons, mentioned that they do not feel frustrated by the lack of advances in the case since from the beginning, they felt that the authorities had no intention of doing anything to clarify the crime.

To clarify the crime. Of the many things Mexico lacks these days, clarity is near the top of the list. It is dangerous to know the truth. Finding it is frustrating. Statements by U.S. and Mexican government officials, repeated by a news media that prefers simple story lines, have fostered the impression in the United States that the conflict in Mexico is between Calderón’s white hats and the crime syndicates’ black hats. The reality is far more complicated, as suggested by this statistic: out of those 14,000 dead, fewer than 100 have been soldiers. Presumably, army casualties would be far higher if the war were as straightforward as it’s often made out to be.

What, then, accounts for the carnage, the worst Mexico has suffered since the revolution, a century ago? To be sure, many of the dead have been cartel criminals. Some were killed in firefights with the army, others in battles between the cartels for control of smuggling routes, and still others in power struggles within the cartels. The toll includes more than 1,000 police officers, some of whom, according to Mexican press reports, were executed by soldiers for suspected links to drug traffickers. Conversely, a number of the fallen soldiers may have been killed by policemen moonlighting as cartel hit men, though that cannot be proved. Meanwhile, human-rights groups have accused the military of unleashing a reign of terror—carrying out forced disappearances, illegal detentions, acts of torture, and assassinations—not only to fight organized crime but also to suppress dissidents and other political troublemakers. What began as a war on drug trafficking has evolved into a low-intensity civil war with more than two sides and no white hats, only shades of black. The ordinary Mexican citizen—never sure who is on what side, or who is fighting whom and for what reason—retreats into a private world where he becomes willfully blind, deaf, and above all, dumb.

Which brings us back to Fernando Díaz and his avoidance of truth.

I have come to see him at the suggestion of Emilio Gutiérrez, who fled to the U.S. because army officers threatened him with death. During an interview at his hiding place north of the border, Gutiérrez told me about a mysterious event that occurred on February 12, 2008. Teams of gunmen, riding in SUVs and pickup trucks and described by witnesses as “dressed like soldiers,” swept through Nuevo Casas Grandes and six neighboring communities between midnight and dawn, kidnapping and executing people.

The convoys covered 170 miles altogether, rolling through military checkpoints unimpeded. In Nuevo Casas Grandes, the “armed commandos,” as they were called by the Mexican media, set fire to the house of a police subcommander and shot him to death as he ran outside. Two other people, one of them the uncle of a midlevel narcotics trafficker, were also executed. The press reported that 14 more were abducted, but the actual number was believed to be much higher. All the victims, except two who were apparently snatched by mistake and later released, vanished without a trace.

Gutiérrez, a reporter in El Diario’s Ascensión bureau, covered the operation. From what he’d seen with his own eyes and from interviews with eyewitnesses, he concluded that the perpetrators were dressed like soldiers for the simple reason that they were soldiers. An operation on that scale, he reasoned, could not have been conducted by gangs of pistoleros hastily thrown together: it required thorough planning, accurate intelligence, discipline, and coordination. Nor could pistoleros have driven through army roadblocks without being stopped. If the raid wasn’t military, it must have been conducted with the army’s cooperation.

That wasn’t what Gutiérrez reported, however. He told me that his boss, José Martínez Valdéz, the editor of El Diario’s editions in northwest Chihuahua, instructed him to “not cause problems by writing that this was military.” Gutiérrez’s silence did not win him any points with the army. Five months later, he was warned that the military was going to kill him, and he was forced to leave the country.

But why, I asked, would soldiers maraud the countryside on a murder-and-kidnapping spree? He replied that the raid was not part of the Mexican government’s war on the drug cartels but a struggle between two powerful cartels: the Juárez organization, headed by Vicente Carillo, and the Sinaloa federation, whose boss, Joaquín “El Chapo” Guzmán, is the most-wanted man in Mexico. Gutiérrez said that in this instance the gunmen, whoever they were, had been after people they thought were working for the Juárez cartel.

“It’s an open secret in Mexico,” he said, “that the army is fighting the [Juárez] cartel to weaken them and pave the way for Guzmán.”

Open secret or no, an allegation that soldiers may have acted on behalf of a drug lord needs to be substantiated. After all, Calderón’s counter-narcotics strategy relies, with U.S. support, almost exclusively on the military.

With a short list of contacts provided by Gutiérrez, my interpreter, Molly Molloy, and I enter Mexico through the Palomas border crossing and head south into the Chihuahuan Desert. I have just been in Juárez and am relieved to not be going back to that industrialized border city—utterly charmless in the best of times, and these are far from the best of times. Juárez’s main product now is the corpse. Last year, drug-related violence there claimed more than 1,600 lives, and the toll for the first nine months of this year soared beyond 1,800, and mounts daily. That makes Juárez, population 1.5 million, the most violent city in the world. Two lines of graffiti summed up a place where not only law and order but civilization itself has broken down: Mi ciudad pide clemencia en su dementia (“My city asks for mercy in its madness”), and Mi ciudad es un negro lamento un aullido infinito (“My city is a black lament, an eternal howl”).

Nuevo Casas Grandes lies on a plateau near a fertile valley—cowboy-and-farmer country where cattle graze on the high desert ranges and apple and pecan orchards form tidy ranks on the city’s outskirts. The city itself, with some 51,000 people, is known to archaeologically minded tourists for its proximity to Paquimé, the site of ancient pueblo ruins. It looks prosperous by the standards of interior Mexico, with wide streets, a few decent hotels and restaurants, an airport, and several auto dealerships selling Fords and Jeeps and other familiar makes. If it weren’t for all the Mexican license plates, I could believe we were in a town in the southwestern United States.

Our first call is at the offices of El Diario, housed in a whitewashed villa on the main drag. Molloy and I are hoping to meet with José Martínez Valdéz, who is Gutiérrez’s former editor, and the news director, Victor Valdovinos. They can answer some of our questions and provide introductions to city officials. But repeated attempts to see Martínez are unsuccessful—he manages to dodge us all afternoon. We do get a very brief audience with Valdovinos. When we tell him what we are there for, he flinches and says, “You don’t want to talk to me,” then vanishes.

That leaves Fernando Díaz, whom we find at the radio station as he and David Andrew wrap up their afternoon show. They are willing to talk to us, and we go into the back room. Andrew, a heavyset, 30-ish man with dense carbon-black hair, shuts the door, either to muffle the noise from outside or to make sure no one overhears our conversation.

In the Mexico Mexicans have to live in, Díaz begins, life is “very hard, very bad,” a statement he underscores with a statistic: last year, 115 homicides were committed in Nuevo Casas Grandes and its surrounding communities. That works out to a murder rate more than 20 times as high as New York City’s.

It’s at this juncture that he makes his comment about the dangers of speaking or knowing the truth. I begin inquiring about the February 2008 incident, but Díaz and his younger colleague aren’t eager to discuss it.

I don’t get anywhere, though Díaz casts doubt on Gutiérrez’s assertion that the raid was a military operation. All of this talk about human-rights abuses by the army is “a myth,” Díaz insists. He is in fact cheered that an army battalion has been making rounds to bolster security in Nuevo Casas Grandes: “We are abandoned and unprotected here in northwest Chihuahua. It is a very big wish that the soldiers will bring peace. The army is the only group we can trust.” He adds by way of illustration that several sicarios, as professional assassins are called in Mexico, were arrested and confessed to killing 19 people in town.

Two of the sicarios, Andrew interjects, were his neighbors: “One guy worked in a car wash, the other guy was an army deserter.” Two others turned out to be auto salesmen—“nice guys in the day, killers by night,” Díaz says, as if he’s voicing over a trailer for Dr. Jekyll and Mr. Hyde. “You are talking to me, a radio announcer, but you can’t be sure that I’m not a sicario,” Díaz adds. “You say you’re an American reporter, but I don’t know that you’re not a sicario. You cannot trust anybody.” He doesn’t seem to notice that he’s contradicted his earlier remark that only the army can be trusted.

The question is, can the army be trusted, and if so, can it win this latest—and biggest—battle in the seemingly endless “war on drugs”? Calderón has deployed more than 45,000 troops (out of a total force of 230,000) throughout the country. Of that number, about 7,000, reinforced by 2,300 federal policemen, occupy Juárez as part of Operación Conjunta Chihuahua—the Joint Chihuahuan Operation. The army has taken over all the policing functions. The city is under undeclared martial law.

Although many ordinary Mexicans welcome the army’s intervention, certain that things would be far worse without it, approval has been far from universal. Claims of grievous abuses by the armed forces—unlawful detentions, disappearances, thefts, rapes, and murders—have increased sixfold in the past three years, according to Human Rights Watch. One hundred and seventy complaints have been filed in Chihuahua alone, says Gustavo de la Rosa, the former Chihuahua state ombudsman for Mexico’s National Human Rights Commission.

Leaving aside the question of whether militarizing the anti-narcotics campaign is the best way to go about things (a similar strategy in Colombia has been only partially successful), the fact is that, by destroying public trust in the armed forces, military misconduct undermines the entire effort, as I learned from a 50-year-old cleaning woman who now lives in Arizona and who asked to remain anonymous. She was visiting her aunt in Juárez last December when soldiers broke into a neighbor’s house, claiming that they were looking for a suspect.

“They didn’t say who,” the woman told me. “They tore her house apart, took her jewelry and her money, and said that if she complained about what they did they were going to come back and kill her. People are more afraid of the police and soldiers than they are of the narcos, because they’re very mean guys—not all, but many.”

The fear goes beyond undisciplined soldiers running amok. In an interview, de la Rosa told me that the president, elected in 2006 by a margin as thin as an ATM card, called out the army not merely to fight the cartels and eliminate a threat to national sovereignty but to consolidate his power and confer legitimacy on his presidency. “Calderón wants to show the Congress that the military is with him,” de la Rosa said. “And the military promised to support Calderón in exchange for being allowed out of the barracks, because the army wants to govern. Chihuahua is an experiment. What is happening here is in essence a military coup, a regional coup.” To support this contention, he cited a change he has had to make in his own work. Under normal circumstances, he would file complaints of abuse with the state governor, but now, he said, “the governor is ineffective, so I have to go to General Felipe de Jesús Espitia, the comandante of the 5th Military District.”

I was somewhat incredulous that the military was staging a creeping coup. To what end? I asked.

De la Rosa shrugged. “Actually, nobody really knows or understands what the military is up to,” he answered, hedging a bit. Then he asserted that the army intends not to stamp out drug trafficking but to “control” it. “So now if a drug cartel wants to move drugs into the U.S., who would they go to? To the governor? No, to the general.” (El Universal, Mexico’s largest newspaper, reported in September that de la Rosa had received death threats from the army, apparently because of his sharp criticisms; sources have told me he has taken temporary refuge in the U.S.)

As de la Rosa suggested, there is a dismal history of collusion between the armed forces and organized crime. In the late 1980s, the Mexican defense secretary was caught peddling protection to three drug organizations, which paid him a total of $10 million. In 1997, Mexico’s chief anti-narcotics officer was indicted for providing the Juárez cartel with classified drug-enforcement information in exchange for millions of dollars in bribes. In a 2001 essay in the Journal of Contemporary Criminal Justice, a University of Texas criminologist, Patrick O’Day, cited several instances of Mexican soldiers’ guarding narcotics shipments and transporting them into the United States in military vehicles or by other means. These operations were so extensive and went on for so long that O’Day concluded that the army was a cartel unto itself.

But let us make the risky assumption that today’s army is no longer involved in drug trafficking. The belief that it is exploiting a weak government to advance agendas beyond its declared mission is widespread, and not without reason. While many of the crimes alleged to have been committed by the armed forces appear to be the random acts of rogue troops, others may be part of a directed campaign with three possible objectives.

One objective is laudable—to get information about drug trafficking. The problem is that, in de la Rosa’s words, “the army’s investigative techniques are kidnapping and torture.” But according to Cipriana Jurado, a veteran labor organizer and women’s-rights activist, the military has another purpose: trying to stifle dissent, she said, citing numerous arrests of political troublemakers. And, as Gutiérrez’s case indicates, the generals also may be seeking to clamp down on Mexico’s freewheeling press.

In seeking, much less speaking, the truth about what the army is up to, one often runs into the paradox of the Mexican reality: something dreadful happens and is then treated as if it hadn’t happened. Facts, like people, simply disappear.

I experience this myself as I tour the ruins of a Juárez drug-rehabilitation center with my friend Julián Cardona, a photographer and Reuters correspondent. The rehab clinic is in a shabby two-story building on an unpaved street lined with cinder-block hovels, old cars, and derelict buses. A wind-whipped urban grit that feels dirtier than desert dust pelts our faces as we enter the rectangular patio strewn with rubble, its walls gouged by bullet holes. Small rooms lead off the patio, each with a hand-painted phrase above its door—Cocina for kitchen, Sala de Juntas for meeting room, D-Tox, which needs no translation.

We enter the meeting room. Votive candles gutter in glass jars arranged around an image of Jesus Christ propped up in one corner. The walls are peppered with bullet holes and spattered with dried blood. Cardona tells me what happened here on a Wednesday evening, August 13, 2008, as an Assembly of God pastor named Socorro García and her deacon, Joel Valle, conducted a service for the patients. After they and about 20 addicts gathered in the meeting room to sing hymns and hold a prayer service, García took the podium for altar call. “Is there anyone here who was a Christian in the past,” she asked, “but who fell away into drugs and who would like to reconcile with God?” Several patients raised their hands. García summoned them.

Outside, a Ford pickup carrying a detachment of Mexican paratroopers was parked at an intersection no more than 50 yards away. Two other trucks pulled up in front of the rehab center. Eight men armed with assault rifles and 9-millimeter pistols and wearing bulletproof vests and ski masks piled out of the vehicles and rushed inside.

The shooting started in the patio, just as the patients were walking up to the podium in answer to García’s call. Some flung themselves to the floor, others ran for their lives or huddled against a wall. García stood at the podium, crying out, “Muchachos! Ask God for another chance to live!” At that moment, four gunmen burst inside and, in her words, started “shooting in all directions.”

García raised her hands and hollered above the gunshots, “Lord, send your angels to protect us!” A gunman looked at her through the eyeholes of his ski mask and she looked back. He stopped shooting. “I was right there in front of him,” García told Cardona. “He had already shot a lot of people, and one more life would have meant nothing to him, but he didn’t shoot. Why? Maybe God did not allow it.”

Neighbors called the Emergency Response Center, the equivalent of 911, but got no response. Accounts of the actions taken by the soldiers parked at the street corner differ. According to one, the soldiers stood by passively as the assassins jumped in their trucks and fled. According to another, they drove past the rehab center at high speed while the massacre was going on. People shouted to them to put a stop to it, but the soldiers kept going. This led one of the neighbors to conclude that they “were guarding the killers or came with them so that the police would not intervene.”

In all, nine people were killed and five wounded. Among the dead was Joel Valle, the deacon. It was the worst mass murder in Juárez in years, Cardona says as I gaze at the flickering votives, the bloodstains and bullet holes framing the picture of Christ.

Of course, I have questions: Were any of the killers identified or captured? No. Was their motive determined? No, although there were rumors that they were after members of a street gang, the Aztecas, said to be hiding in the facility. Were the soldiers involved in the massacre? That’s what eyewitnesses claimed, Cardona replies. I keep grasping for facts, but realize it’s futile. Cardona says, “This is the black hole of Mexico. You cannot see inside of it, and nothing gets out.”

Despite the heavy military and police presence, six rehabilitation clinics have been attacked in Juárez over the past two years. The deadliest incident occurred on September 2, when 18 people were executed. Government authorities claimed the massacres were part of a war of extermination between the Sinaloa and Juárez cartels.

The conduct of the Mexican military goes to the heart of U.S. counter-narcotics policy. In the past year, experts like General Barry McCaffrey (the drug czar in the Clinton administration) and political figures have warned that if the cartels are not contained, Mexico could become a failed state and the U.S. could find itself with an Afghanistan or a Pakistan on its southern border. Such forecasts are hyperbole, but the fact is that drug trafficking and its attendant corruption are a malignancy that has spread into Mexico’s lymph system. To extend the metaphor, Calderón is attempting to perform radical surgery with the only instrument at his disposal—the army. It may be a tainted instrument, so the reasoning goes, but it is less tainted than the law-enforcement agencies.

Washington supports, indeed encourages, this approach through the Mérida Initiative, a security-cooperation agreement between the two countries that Congress passed and George W. Bush signed into law. Its aim is to provide $1.4 billion in funding, spread over several years, for military and law-enforcement training, equipment such as helicopters and surveillance aircraft, and judicial reforms. The aid package also includes conditions for improvements to Mexico’s less-than-enviable record on human-rights issues. Fifteen percent of the funds can be withheld if Mexico fails to show progress on matters such as prosecuting human-rights violators and prohibiting the use of torture to obtain evidence and testimony.

And that is where U.S. policy becomes contradictory. It calls for a military solution to the trafficking problem. But there are very few, if any, civil safeguards on the actions of the Mexican military. Its soldiers are subject only to military law, even when deployed in their current crime-fighting capacity, and the country’s military-justice system is, to understate things, opaque.

A good example is the case of Javier Rosales, a medical technician who died after he and a friend were captured and tortured by soldiers. Members of his family went to the state justice office and the federal attorney general’s office to file a complaint against the soldiers and demand an investigation. They were turned away because, the officials said, charges of army misconduct fall under military jurisdiction. However, Enrique Torres, a spokesman for the Joint Chihuahuan Operation, told me that the army looks into such allegations only through internal investigations or when formal charges have been filed by state or federal prosecutors. It’s pure catch-22: state or federal authorities will not receive complaints against soldiers, and the army will not investigate unless charges have been filed by state or federal authorities.

That is among the reasons why, out of the more than 2,000 complaints brought before Mexico’s National Human Rights Commission, not one has resulted in the prosecution of a single soldier.

The provisions of the Mérida Initiative would appear to give the U.S. considerable leverage in compelling the Mexican army to act with more restraint and greater respect for the civil rights of the country’s citizens. Financial leverage, that is. The moral authority of the U.S. has been eroded by accusations that it has employed torture and illegal detentions in the “war on terror,” as well as by its status as the drug cartels’ biggest market and its singularly unsuccessful efforts to dry up demand.

Every year, under the Foreign Assistance Act, the State Department is required to certify that its southern neighbor is fully cooperating in efforts to stem the export of illegal narcotics into the United States. Without certification, Mexico would be ineligible to receive the vast majority of American aid. But the U.S. government often soft-pedals criticisms of Mexico on matters such as corruption and human-rights offenses, for two reasons. One is U.S. sensitivity to the Mexican elite, which can be thin-skinned about what it regards as infringements from the north on its national sovereignty. The second is money. In the highly unlikely event that Mexico were decertified, the cutoff in U.S. aid would strain bilateral relations, trade agreements would be imperiled, and American businessmen would find it harder to operate south of the border. Also, of all the countries that export oil to the United States, Mexico, at 985,000 barrels a day, ranks third, behind Canada and Saudi Arabia.

That makes speaking the truth about Mexico politically and economically dangerous in official U.S. circles.

But a larger question arises. Even if tomorrow the Mexican military began waging its anti-narcotics campaign with the probity of, say, the Swiss Guard, could it overcome the power of cartels? The drug bosses and their organizations have become integrated into Mexican society, corrupting every aspect of the nation’s life.

The U.S. government estimates that the cultivation and trafficking of illegal drugs directly employs 450,000 people in Mexico. Unknown numbers of people, possibly in the millions, are indirectly linked to the drug industry, which has revenues estimated to be as high as $25 billion a year, exceeded only by Mexico’s annual income from manufacturing and oil exports. Dr. Edgardo Buscaglia, a law professor at the Autonomous Technological Institute in Mexico City and a senior legal and economic adviser to the UN and the World Bank, concluded in a recent report that 17 of Mexico’s 31 states have become virtual narco-republics, where organized crime has infiltrated government, the courts, and the police so extensively that there is almost no way they can be cleaned up. The drug gangs have acquired a “military capacity” that enables them to confront the army on an almost equal footing.

“This in itself does not prove that we are in a situation of a failed state today,” Buscaglia wrote. He seemed to be suggesting that the situation could change tomorrow—and not for the better.


Philip Caputo is the author of 14 books, including A Rumor of War, Acts of Faith, and most recently, Crossers, a novel about life on the Mexican border.